La madrugada en Wirikuta: un corte preciso en el desierto

Las manos de don Basilio, mara'akame wirrárika, tiemblan levemente mientras extrae un botón verde con un cuchillo de obsidiana. Está en Wirikuta, San Luis Potosí, a 2,200 metros de altitud, donde el aire huele a tierra fría y candelilla. Son las 5:40 de la mañana; el sol apenas insinúa una línea naranja tras los cerros del Quemado. El peyote (Lophophora williamsii) brilla con rocío, la carne translúcida, y don Basilio murmura una oración. Hay silencio, salvo el crujido de sus rodillas al incorporarse. Lo que sigue no es solo recolección: es el principio de una ceremonia que ha cruzado siglos y fronteras químicas.

En esta región, la peregrinación ocurre cada año desde antes del siglo XVI. El botón recolectado pesa apenas 12 gramos, pero contiene una de las moléculas más estudiadas del continente: la mescalina. Científicos del Instituto de Ecología de la UNAM midieron, en 2017, concentraciones que varían entre 0.5 y 1.5% del peso seco. El aroma es difícil de olvidar: amargo, terroso, casi metálico, se pega en la garganta durante horas después de ingerido.

Don Basilio marca el sitio con una cruz de varitas. Volverá a este mismo lugar en cinco años, cuando el peyote haya regenerado la corona. Esta espera, dicen los viejos, es parte de la medicina: no todo se toma, ni todo se entiende de inmediato. ¿Qué ocurre en el cerebro y en el corazón durante la ceremonia? Hay algo más que visiones, y los laboratorios apenas empiezan a captar lo que los mara'akate intuyen desde generaciones atrás.

Hongos sagrados: el azul fárrago de la Sierra Mazateca

En Huautla de Jiménez, Oaxaca (latitud 18.13° N), doña Eulogia —partera y curandera— sostiene en la palma seis cuerpos menudos de Psilocybe mexicana. Es temprano, 7:15 de la mañana; afuera retumba el canto áspero del gorrión serrano. Los hongos están frescos, cortados apenas hace una hora entre encinos y helechos, a unos 1,800 metros sobre el nivel del mar. El olor es húmedo, a madera podrida y lluvia vieja.

En 1957, Gordon Wasson —banquero neoyorquino— documentó por primera vez la ceremonia mazateca para la revista Life. Los laboratorios Sandoz en Suiza, ese mismo año, aislaron la psilocibina: 0.6% del peso seco, según el estudio de Albert Hofmann. La ceremonia, llamada velada, implica ayuno, cantos y la masticación lenta de los hongos. El sabor es ácido, casi a limón, pero con un regusto a tierra. La visión no es inmediata: de hecho, la primera hora transcurre en silencio, con el cuerpo entumido y los párpados pesados.

La UNAM, con el equipo de la Dra. Laura Guzmán en 2014, identificó más de 53 especies del género Psilocybe en México. Cada una tiene usos y potencias distintas. La comunidad de Huautla guarda memoria de los años de persecución: helicópteros sobrevolando, cateos, la voz de María Sabina convertida en mito. Pero el canto de doña Eulogia sigue abriéndose paso entre la niebla, prometiendo respuestas que la química sola no logra explicar. ¿Por qué algunos ven rostros y otros escuchan voces? La ciencia intenta responder, pero la montaña guarda sus propios secretos.

Temazcal: el vapor que desnuda la mente y la piel

En Amecameca, Estado de México, el temazcalero Benito prepara el recinto con piedras volcánicas calentadas a 600°C. El ritual inicia con 18 personas —el número varía, pero nunca es par en esta comunidad nahua—. El lodo recubre la entrada; el olor es ferroso y denso, como sangre seca y eucalipto. El vapor invade el espacio en menos de un minuto, golpeando la cara y abriendo los poros. La temperatura adentro puede alcanzar los 50°C, según mediciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 2018.

El temazcal no solo es sudoración: es trance, canto, memoria corporal. En la penumbra, los cuerpos laten al ritmo de un tambor de cuero de venado y las voces se entrelazan en cantos monótonos. Benito rocía infusión de Artemisia ludoviciana sobre las piedras. El aroma, entre alcanfor y tierra, se pega a la piel. Los participantes salen mareados, algunos lloran, otros ríen. El cuerpo, después de una hora, pierde entre 0.8 y 1.2 litros de agua, según la Facultad de Medicina de la UNAM.

La ciencia moderna estudia el impacto del temazcal en la liberación de endorfinas y serotonina. Pero los abuelos insisten: el vapor no solo limpia el cuerpo, limpia la visión interna. ¿Puede un baño de lodo y humo abrir puertas al mismo espacio que una molécula psicodélica?

Peyote: química y espíritu en cada botón

En el laboratorio del Cinvestav, en Zacatenco, las placas de Petri muestran cristales de mescalina extraída de peyote. El proceso, publicado en 2012 por el Dr. Rafael Camacho, requiere secar el botón a 40°C durante 48 horas, pulverizar y pasar por solventes. De cada kilogramo seco, apenas se obtienen 6 a 15 gramos de mescalina pura. El olor del extracto —ácido, punzante— recuerda una mezcla entre aguarrás y lija recién usada.

La mescalina, un alcaloide fenetilamínico, se une a los receptores 5-HT2A en el cerebro. El efecto: distorsiones visuales, sinestesia (ver sonidos, oír colores), sensación de fusión con el entorno. El equipo de la UNAM, en colaboración con la Universidad de Zurich en 2019, midió cambios en la corteza prefrontal mediante resonancia magnética funcional. El tejido cerebral consume hasta 14% más glucosa durante el trance, según los escáneres.

Pero en Wirikuta, el conocimiento es otro: el botón se comparte, nunca se vende, y el corte debe ser limpio para no dañar la raíz. Los números y las moléculas son claros, pero ¿cómo se mide el regreso del venado azul en la memoria colectiva?

Cómo preparar un temazcal tradicional: lo que no dice el folleto turístico

Construir un temazcal funcional en casa o comunidad requiere materiales específicos y respeto por el proceso. Benito recomienda buscar piedras ígneas —basalto o tezontle, 80-100 piezas de 2 a 5 kg cada una—, jamás usar piedras sedimentarias (caliza) porque pueden explotar con el calor. El recinto debe medir 2.5 metros de diámetro por 1.6 de alto, preferentemente orientado al este. La estructura puede levantarse con varas de Salix bonplandiana y cubrirse con petates, mantas de lana o piel de borrego para retener el calor.

El fuego se enciende dos horas antes. Las piedras deben estar al rojo vivo (se recomienda termómetro infrarrojo: mínimo 500°C). En un balde, mezcla 5 litros de agua con 50 gramos de hojas de Artemisia ludoviciana y 10 de Tagetes lucida; deja infusionar 15 minutos. El vapor se genera al verter el líquido sobre las piedras poco a poco, usando cucharón de madera. El tiempo dentro del temazcal varía: 30 a 60 minutos en cuatro puertas (entradas de vapor). Siempre contar con ventilación y alguien afuera por seguridad.

El secreto, dice Benito, está en no apresurar el vapor: “El temazcal pide tiempo, no fuerza”. Una técnica antigua, con riesgos reales si se improvisa. ¿El vapor puede ser tan visionario como lo ingerido?

Hongos, memoria y neurociencia: entre la UNAM y los saberes de doña Eulogia

Desde 1971, el Laboratorio de Neurofarmacología de la UNAM ha estudiado cómo la psilocibina altera la percepción y la memoria. En experimentos de 2015, ratones expuestos a microdosis (0.05 mg/kg) de extracto de Psilocybe cubensis mostraron conexiones sinápticas aumentadas en un 23% en el hipocampo, medido con microscopía electrónica. El olor del laboratorio —mezcla de alcohol y hongos secos— es menos poético que la cueva de doña Eulogia, pero el asombro es el mismo.

En Huautla, las historias se transmiten boca a boca. La memoria de María Sabina, la curandera que abrió la puerta a los extranjeros, sigue viva en los altares llenos de veladoras y retratos. Los investigadores de la UABJO (Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca) documentaron en 2019 que el 78% de los participantes en veladas reportaron “recuerdos olvidados” o imágenes de su infancia durante el trance. La neurociencia apenas comienza a explicar cómo las setas pueden desbloquear memorias inaccesibles en estado ordinario.

El canto de doña Eulogia no tiene equivalente en el laboratorio, pero ambos espacios —la cueva y el microscopio— buscan respuestas en la materia gris. ¿Es la memoria solo una red de conexiones, o hay algo más que la psilocibina activa?

Plantas de poder más allá de lo conocido: salvia y tabaco en los rituales

En la comunidad de San José Tenango, Oaxaca, el olor dulzón de Salvia divinorum impregna el aire de las cocinas. Una hoja fresca, de 20 cm, se mastica en silencio antes del amanecer. El sabor es amargo, casi mentolado, y pronto la lengua se adormece. La Universidad Veracruzana, en 2003, aisló el compuesto activo: salvinorina A, una lactona diterpénica que, en dosis de 200 microgramos, provoca visiones intensas de 7 a 15 minutos.

El tabaco (Nicotiana rustica), preparado en rapé o fumado en pipas de barro, se utiliza en la Sierra Otomí-Tepehua, Hidalgo, a 1,300 metros sobre el nivel del mar. El humo denso, picante, a veces induce náusea y una sensación de zumbido en la cabeza. La Facultad de Química de la UNAM, en 2016, midió concentraciones de nicotina cercanas al 9%, mucho más que el tabaco comercial (Nicotiana tabacum).

Los rituales con salvia y tabaco no buscan placer ni evasión: son puertas para el diálogo con los espíritus de la montaña. ¿Qué otras plantas de poder esperan ser estudiadas a fondo, más allá del peyote y los hongos?

Legado y amenaza: conservación del peyote y los hongos

En Real de Catorce, San Luis Potosí, los guías de la comunidad calculan que la población silvestre de peyote ha disminuido hasta 40% desde el año 2000, según datos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC). El aroma del desierto es menos intenso cada año, mientras los saqueos y el turismo desinformado arrancan cientos de botones jóvenes antes de que puedan reproducirse. El peyote crece apenas 1 cm por año; una planta madura puede superar los 30 años de vida.

En Huautla, los recolectores de hongos reportan que, tras las lluvias erráticas de 2021, la cosecha bajó de 8 a 3 kilogramos por temporada en algunas zonas. La deforestación y el cambio de uso de suelo —milpa por aguacate— han reducido los parches de Psilocybe mexicana en 12% según la UABJO. El olor a hongo fresco, tan característico en julio, se ha vuelto raro en algunos parajes.

Conabio y colectivos como Wirikuta Defense promueven la recolección ética: cortar solo la corona del peyote, nunca la raíz; recolectar hongos dejando esporas y nunca más del 30% de un parche. “El futuro de estas medicinas depende de la paciencia”, declaró en 2020 el biólogo Salvador Flores (Conabio). ¿La ciencia podrá ayudar a restaurar lo que el extractivismo amenaza?

Un canto, una niebla, y el temblor de lo inexplicable

En la cima del cerro Quemado, la niebla sube como una ola lenta sobre los matorrales. Don Basilio, envuelto en su sarape, entona un canto antiguo al ritmo de un tambor de piel de venado. El aire vibra con olor a copal y maguey quemado. Abajo, en el valle, las luces de Real de Catorce titilan como ojos de algún animal prehistórico. No hay palabras clínicas para describir lo que sienten los que han probado el viaje: una mezcla de vértigo, gratitud y miedo. Ningún escáner cerebral ni espectrofotómetro capta la totalidad del encuentro.

Tal vez la pregunta es si el misterio debe resolverse del todo, o si la función de estas plantas y rituales es, precisamente, recordarnos que la ciencia y el asombro pueden caminar juntos. La próxima vez que el lector huela tierra mojada en la sierra, quizá recuerde la voz de doña Eulogia y la danza de los hongos bajo la luna.

Glosario

Mescalina
Alcaloide presente en el peyote (Lophophora williamsii), responsable de sus efectos psicodélicos.
Psilocibina
Compuesto activo de varios hongos del género Psilocybe; induce alteraciones sensoriales y cognitivas.
Temazcal
Baño de vapor tradicional mesoamericano, construido con materiales naturales y usado en rituales de purificación.
Salvinorina A
Principio activo psicoactivo de la Salvia divinorum, actúa sobre los receptores kappa-opioides.
Velada
Ceremonia mazateca con hongos sagrados, guiada por un curandero o curandera a través de cantos y rezos.
Basalto
Roca ígnea volcánica utilizada en la construcción de temazcales por su resistencia al calor extremo.