Un machetero en la niebla de Veracruz y el mito del cerebro dividido
Don Lorenzo, machetero de Zongolica, Veracruz, respira hondo y aprieta el filo oxidado. El rocío pega en la camisa de manta, 1,440 metros sobre el nivel del mar, mientras parte una rama de encino. Desde su infancia—1958, año del eclipse solar—le dijeron que los zurdos pensaban distinto. Su tía, partera, aseguraba que “los que escriben con la izquierda tienen el diablo dentro”, aunque él solo sentía el ardor de la ampolla nueva en el pulgar. El machete zumbaba, y Lorenzo se preguntaba si el lado izquierdo de su cerebro mandaba todo.
La imagen del cerebro dividido en dos hemisferios—uno lógico, el otro artístico—nació en los laboratorios de la Universidad de California en Los Ángeles, cuando Roger Sperry y Michael Gazzaniga separaron quirúrgicamente el cuerpo calloso de pacientes con epilepsia severa en 1961. El chasquido del bisturí era tan seco como el aire acondicionado del quirófano. Pero aquellos experimentos, realizados en menos de 40 personas, nunca dijeron que cada lado tuviera una personalidad propia. Solo que, en ausencia de comunicación, la información se procesa por vías alternas.
El olor a café de olla envuelve la cocina mientras Lorenzo, ya en 2024, mira a su nieta dibujar con la mano izquierda. Ella tararea una canción de Mon Laferte. El mito persiste: “El derecho es el creativo”, le repiten en la primaria federal 42. Cinco décadas después, la creencia sobre los hemisferios sigue dando vueltas como machete en la palma agrietada de Lorenzo, aunque los datos reales cuentan otra historia.
Pero si la frontera entre hemisferios no es tan clara, ¿qué ocurre en ese puente de 200 millones de fibras que llamamos cuerpo calloso?
Cuerpo calloso: el enigmático puente de 200 millones de axones (UCLA, 1961, olor a formol)
En los sótanos del Hospital Harbor-UCLA de Torrance, el olor a formol y algodón mojado se filtraba por los pasillos en 1961. Michael Gazzaniga, entonces estudiante de posgrado, observaba los cerebros de las ratas y después los de los primeros humanos sometidos a callosotomía. 200 millones de axones –la cifra la publicó en 2003 la Universidad de Oxford– cruzan de lado a lado, más que habitantes en todo Pakistán ese año. El cuerpo calloso no es una simple carretera: es una red autopista de tráfico intenso, donde ideas, olores y gestos saltan como chispas.
Cuando los pacientes de Sperry perdían esta autopista, algo raro sucedía: si veían una imagen solo con el ojo derecho, podían describirla; con el izquierdo, no decían palabra, pero podían dibujarla con la mano izquierda. Nadie se ponía a recitar poesía con el hemisferio derecho solo; tampoco resolvía ecuaciones el izquierdo aislado. El procesamiento se fragmentaba pero nunca se partía en dos mentes. Esa fragmentación, tan fina como el hilo de una telaraña, no era una guerra de hemisferios, sino un susurro mal comunicado.
En México, el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) documentó en 2017 que menos de 0.01% de las personas con epilepsia llegan a necesitar este corte del cuerpo calloso. La mayoría recupera habilidades en semanas: el cerebro aprende rutas alternas, aunque el paciente llegue a confundir la textura fría de una llave con el calor de una moneda, sin poder nombrar ninguna al tacto.
El silencio entre hemisferios rara vez es total. Pero entonces, ¿qué tan real es el hemisferio “creativo”?
El hemisferio derecho: creatividad descuartizada por los datos (Sorbonne, 2014, azul quirúrgico)
En el laboratorio de neuroimagen de la Universidad de la Sorbona, París, la luz de los monitores fMRI parpadea azul sobre los huesos de una calavera de yeso. 2014: Stanislas Dehaene y su equipo miden la actividad cerebral de 87 voluntarios mientras improvisan melodías. La sorpresa: tanto el hemisferio derecho como el izquierdo se encienden como árbol de Navidad, sin distinción fuerte. Creatividad no reside en una mitad: brota de la interacción constante entre circuitos, especialmente en la corteza prefrontal, que no respeta fronteras anatómicas.
En la UNAM, un metaanálisis de 2019 dirigido por la Dra. Concepción Hernández demostró que tanto la escritura como la composición musical activan áreas de ambos hemisferios a la vez. El hemisferio derecho participa un poco más al identificar patrones espaciales o musicales, pero no es la “fuente mágica” de la creatividad. Es como atribuirle a la mano izquierda todo el mérito de tocar la guitarra: olvidas el papel de los nervios, el oído, el ritmo.
El mito sobrevive porque es simple y vende bien. Basta con ver la portada de los libros de autoayuda: cerebros partidos en colores neón, mitad calculadora, mitad pincel. Pero ni Gazzaniga, ni Sperry, ni Dehaene jamás afirmaron que una persona fuera “derecha” o “izquierda” de mente de manera absoluta.
Si creatividad y lógica coexisten, ¿de dónde salió la obsesión bicameral?
La tentación bicameral: de Julian Jaynes a las calles de Oaxaca (Yale, 1976, calles de cantera)
En 1976, Julian Jaynes, psicólogo de la Universidad de Yale, publicó “The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind”. Su propuesta: antes del surgimiento de la conciencia moderna (que él fechaba hacia el 1200 a.C.), los humanos pensaban “a dos voces”, como si un hemisferio dictara órdenes que el otro obedecía. En Oaxaca, los grafitis del barrio Jalatlaco pintan rostros partidos en dos, a veces con una línea de cantera verde, como si allí estuviera la frontera interna. Pero Jaynes no tenía pruebas clínicas: era una metáfora, no evidencia.
El eco de Jaynes resonó en la cultura pop. La serie Westworld (2016) popularizó la “mente bicameral” entre espectadores de streaming. Pero en la neurociencia, la idea perdió fuerza. El doctor Hugo Sánchez León, de la Universidad Autónoma Metropolitana, escribió en 2019: “No hay evidencia anatómica ni fisiológica de una psique bicameral. El cerebro es comunicante, no un congreso dividido”.
La realidad es más desordenada: sí existen asimetrías. El lenguaje, por ejemplo, suele residir en el hemisferio izquierdo de 95% de diestros y 70% de zurdos, según la Clínica Mayo en 2007. Oler un guiso de mole en la Central de Abastos de Oaxaca activa centros olfatorios en ambos lados del cerebro, aunque las palabras para describirlo se gestan a la izquierda.
La tentación de la división sigue porque las historias simples son pegadizas. Pero entonces, ¿cómo se reparte el trabajo cerebral en la vida real?
Procesamiento dual en acción: cómo el cerebro reparte tareas sin partirse (INNN, 2017, sudor y papel)
En una sala del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía en CDMX, una paciente sostiene una hoja blanca bajo la luz fluorescente. La piden dibujar un reloj: marca las horas correctas, pero encierra todos los números en la mitad derecha del círculo. Es el llamado “neglect” o negligencia espacial, consecuencia de un daño en el lóbulo parietal derecho. 2017: ese caso enseñó a los residentes que el cerebro, aunque trabaja en paralelo, puede fallar en repartir la atención cuando una región específica cae.
Otra escena: el olor dulzón de gel antibacterial y el zumbido del monitor EEG. Un niño de 8 años, paciente del Hospital Infantil Federico Gómez, resuelve sumas mientras escucha una canción. Aunque la parte izquierda de su cerebro procesa símbolos, la derecha detecta melodías y espacio; ambos hemisferios en diálogo constante, sin frontera visible.
El procesamiento dual ocurre en actividades cotidianas: leer, conducir, tocar guitarra. El hemisferio izquierdo suele decodificar palabras y lógica; el derecho, patrones espaciales y prosodia. Pero siempre colaboran, como dos manos en un mismo telar. Si el cuerpo calloso falla—por lesión o nacimiento—las tareas pueden fragmentarse, pero nunca se reparten en dos egos autónomos.
- Comprensión de lenguaje: izquierda en la mayoría, pero depende de la región de Broca y Wernicke.
- Reconocimiento facial: derecho, sobre todo en el giro fusiforme.
- Habilidades motoras finas: bilateral, aunque con leve ventaja según dominancia manual.
Si quieres probar tu propio procesamiento dual, la sección que sigue es para ti.
Hazlo tú: experimentos caseros con hemisferios y procesamiento dual (materiales de papelería, 2024, tinta y limón)
No necesitas resonancia magnética ni bisturí para explorar tu cerebro bicameral. Para un ejercicio clásico, usa una hoja blanca, lápices de colores y un espejo de bolsillo. Sube a la azotea de tu casa en Iztapalapa, o a la sombra de un mezquite en Hermosillo: la clave es luz natural y una mesa firme. Costo: menos de $70 pesos en cualquier papelería. Temporada: cualquier mes seco, para evitar humedad sobre el papel.
- Escribe tu nombre usando solo la mano no dominante (si eres diestro, usa la izquierda).
- Con el espejo de bolsillo a tu derecha, dibuja una figura simple mirando solo el reflejo, sin ver la mano directamente.
- Pide a alguien que te muestre palabras escritas del revés; trata de leerlas y escribirlas correctamente con la mano izquierda.
Estos retos activan ambos hemisferios, obligando a cruzar información entre la corteza motora, visual y prefrontal. Si lo haces con los ojos vendados y el olor de jugo de limón cerca, notarás cómo el cerebro compensa la falta de visión con tacto y olfato.
Error común: frustrarse si la letra sale dispareja o el dibujo tembloroso. Eso indica que el cuerpo calloso y las cortezas asociativas están forzando rutas nuevas. Entre más practiques, más notarás que la supuesta “dominancia” es relativa. La plasticidad cerebral está viva, incluso en adultos.
¿Qué pasaría si las escuelas mexicanas dejaran de forzar una sola mano desde preescolar?
Escena final: una niña en la costa de Jalisco y la próxima generación (Barra de Navidad, 2024, ola salada)
La brisa salada sopla sobre los molinos eólicos de Barra de Navidad, Jalisco, mientras Sofía, 11 años, dibuja círculos perfectos en la arena húmeda. Alterna manos sin pensar, porque su mamá—maestra rural—nunca le obligó a elegir una. En la secundaria técnica 18 le dicen que eso “confunde la mente”, pero ella solo siente libertad al trazar. El sol de las cuatro quema fuerte (31°C), y el rumor de los cangrejos distrae, pero Sofía sigue. La escuela física y la escuela cerebral rara vez se encuentran.
En 2025, la SEP planea un piloto para dejar que cada alumno escoja su mano dominante sin corrección forzada. El laboratorio de neurociencias de la Universidad de Guadalajara será uno de los observadores. Quizá niños como Sofía muestren que el cerebro mexicano, menos encasillado, pueda cruzar hemisferios sin miedo ni mitos. La ola borra el círculo perfecto, pero la memoria sensorial queda. ¿Qué pasaría si cada quien tejiera sus rutas mentales sin mapas viejos?
Glosario
- Cuerpo calloso
- Haz de aproximadamente 200 millones de fibras nerviosas que conecta los dos hemisferios cerebrales y permite su comunicación.
- Hemisferio
- Cada una de las dos mitades anatómicas del cerebro, derecha e izquierda, con especializaciones funcionales pero alta interdependencia.
- Callosotomía
- Cirugía en la que se corta el cuerpo calloso para tratar epilepsia severa, utilizada en menos de 0.01% de los casos.
- Neglect espacial
- Alteración neurológica en la que una persona ignora un lado de su espacio visual, causada por daño en el lóbulo parietal, usualmente derecho.
- Plasticidad cerebral
- Capacidad del cerebro para reorganizarse, formando nuevas conexiones neuronales a lo largo de la vida.
- Prosodia
- Los aspectos melódicos y rítmicos del lenguaje, procesados preferentemente en el hemisferio derecho.
- fMRI
- Imagen por resonancia magnética funcional, técnica que mide cambios en el flujo sanguíneo cerebral durante tareas cognitivas.