El vuelo de don Rufino en Tetlazingo: 2,400 metros, una noche y el rumor de alas

En la ladera sur de Tetlazingo, Puebla, a 2,400 metros sobre el nivel del mar, don Rufino acomoda su sombrero mientras el sol cae. Bajo sus pies, la tierra aún guarda calor y los magueyes Agave salmiana desprenden una fragancia dulce y áspera a la vez. Es medianoche cuando un murmullo agudo corta el silencio: pequeñas sombras cruzan el haz de su linterna, rozando los quiotes. Don Rufino señala: “Ahí van los murciélagos, esos son los magueyeros”. El aire se espesa de un olor a néctar fermentado; las flores vibran al ritmo fugaz de cada visita alada.

En menos de dos horas, más de cuarenta murciélagos pasan entre las pencas y el tallo. Algunos, de lomo cenizo y hocico alargado, son los Leptonycteris yerbabuenae, cuya lengua de casi 3 centímetros rastrea gotas pegajosas de néctar. Don Rufino enumera: “Aquí, de abril a agosto, se ven más. Los viejos decían que sin ellos, ni mezcal ni pulque”. El zumbido dura hasta el amanecer. A esa altitud, el frío muerde los dedos; los únicos que no tiemblan son los murciélagos.

Tetlazingo –con menos de 700 habitantes y un registro de 12 especies de agave nativo– conserva un ritmo donde el vuelo y la floración se entrelazan. Nadie anota la cuenta, pero el enigma persiste: ¿por qué solo estos murciélagos logran que la flor del maguey cuaje semilla?

Leptonycteris y el agave: la pareja improbable de una migración de 1,200 kilómetros

El murciélago magueyero menor, Leptonycteris yerbabuenae, viaja cada año desde cuevas en Jalisco hasta el Altiplano Central, cruzando distancias de hasta 1,200 kilómetros. La cueva de La Cueva del Diablo, en Tequila, Jalisco, sirve de base para miles de individuos. Cada migración dura entre seis y ocho semanas y sigue el calendario de floración de los magueyes.

Cuando los quiotes emergen en Morelos y Puebla –hechos casi sólidos de savia y fibra–, los murciélagos ya han probado el néctar en Colima y Nayarit. Los investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México han documentado que un solo murciélago puede visitar más de 300 flores en una noche. La lengua encajada en polen, el hocico pegajoso: esas partículas amarillas viajan en el aire fresco de la madrugada, de planta en planta.

El olor dulzón de las flores del maguey se intensifica entre las 11 pm y las 3 am. Es la clave: “El néctar de maguey apenas dura unos minutos abierto”, apunta la bióloga Patricia Moreno, de la UNAM. “Pero mientras esté fresco, los Leptonycteris lo detectan a kilómetros. Son los únicos que pueden sincronizar su llegada con esa ventana breve”. ¿Por qué este emparejamiento tan afinado evolutivamente?

Un néctar con receta secreta: química de atracción en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán

En el Valle de Tehuacán-Cuicatlán, Oaxaca, el maguey espadín (Agave angustifolia) florece después de ocho a catorce años de vida: una sola noche para miles de flores amarillas. El néctar no huele igual a miel: desprende notas resinosas y un toque de acetona. Javier Aguirre, fitogenetista en el Instituto Politécnico Nacional, midió en 2021 que la concentración de azúcares en ese néctar ronda los 18 gramos por decilitro, casi el doble que una bebida energética comercial.

Pero hay trampa: el néctar incluye compuestos volátiles como metilpropenal y saponinas, desagradables para abejas y colibríes. Solo los murciélagos magueyeros toleran esta mezcla. Al aterrizar, sus patas quedan cubiertas de una sustancia pegajosa y ácida, que luego limpian con la lengua, propagando polen sin notarlo.

Las noches de mayo en San Juan Raya huelen a fermento y tierra recién mojada. Cientos de murciélagos zumban entre los magueyes, guiados por la química invisible del aire. Pero, ¿cómo se reconocen estas señales y cómo evolucionaron?

Morfología en espejo: hocicos, lenguas y flores alineadas al milímetro

Una flor de Agave salmiana mide de 7 a 10 centímetros de largo. El hocico y la lengua de Leptonycteris alcanzan juntos casi la misma distancia, una simetría que no es coincidencia. En el laboratorio de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en 2018 se documentó que el tejido muscular de la lengua del murciélago puede extenderse casi un 50% de su longitud en un solo parpadeo.

Las flores del maguey abren apenas por la noche; el polen, de color amarillo intenso y textura arenosa, se acumula en los filamentos. Los murciélagos, al hurgar, se ensucian el rostro y el pecho de polen pegajoso —el mismo que los humanos observan en la luz de la linterna como motas doradas flotando en el aire frío.

Ese milímetro de diferencia entre flor y hocico marca la diferencia entre polinización y fracaso reproductivo. ¿Cómo surgió tal precisión?

Sin semillas, sin mezcal: el impacto de la reproducción sexual documentado en Oaxaca

En Santiago Matatlán, Oaxaca —municipio con más de 150 palenques mezcaleros—, el 98% de los magueyes espadín (Agave angustifolia), según datos del Consejo Regulador del Mezcal (2022), se cultiva de manera clonal. Esto significa que las plantas son prácticamente idénticas, descendientes de un solo ejemplar. Pero solo las flores polinizadas por murciélago producen semillas viables con diversidad genética real.

Un estudio conducido por la doctora Patricia Colunga en el CICY (Centro de Investigación Científica de Yucatán) encontró en 2019 que los magueyes polinizados por murciélagos mostraron hasta un 35% más resistencia a plagas como Scyphophorus acupunctatus (picudo del agave), en comparación con las propagadas por hijuelos.

En las noches húmedas de Matatlán, el olor a fermento de agave y humo de leña impregna los caminos. Los productores que dejan florecer al menos el 5% de sus magueyes aseguran mejores cosechas a largo plazo. Pero existe el dilema: ¿semilla, o aprovechamiento inmediato para destilar?

Técnica práctica: Cómo dejar magueyes para los murciélagos sin perder la cosecha

Si quieres favorecer la polinización natural y asegurar la viabilidad de tus magueyes, la receta empieza con paciencia. En Santa Ana del Valle, Oaxaca, la temporada de floración del maguey comienza en abril y puede prolongarse hasta septiembre. Los agricultores selectos dejan un mínimo del 8% de los magueyes plantados —de cada cien, al menos ocho— sin cortar el quiote, permitiendo la floración completa. Esto garantiza alimento para los murciélagos y producción de semillas viables.

Paso a paso:

  1. Identifica magueyes maduros (8-12 años de edad para Agave angustifolia, 10-15 para Agave salmiana).
  2. Revisa la base del quiote: cuando empieza a alargarse rápidamente (crece hasta 15 cm por día), marca el ejemplar.
  3. Deja crecer el quiote completamente, sin cortar ni manipular. Vigila plagas (picudo, gusano) semanalmente.
  4. Protege el entorno: no uses plaguicidas sistémicos durante la floración, ya que pueden intoxicar a los murciélagos.
  5. Tras la polinización (de julio a septiembre), recolecta semillas cuando las cápsulas se sequen y abran, mostrando semillas negras de textura áspera.

El costo de dejar florecer: al menos 2,000 pesos por maguey sacrificado. Pero las semillas permiten plantar hasta 10,000 nuevos ejemplares. Los insumos pueden conseguirse en viveros comunitarios o colectivos como Colectivo Magueyero Oaxaca. Error común: cortar el quiote antes de tiempo, lo que impide la polinización.

Dejar florecer a algunos magueyes no solo es posible, sino necesario para la supervivencia de los murciélagos y del mezcal auténtico. ¿Qué consecuencias trae ignorar este paso?

Cuando el vuelo falta: silencios y crisis en la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán

La Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2018, abarca más de 490,000 hectáreas y concentra la mayor diversidad de agaves del planeta (cerca de 45 especies). Sin embargo, en el verano de 2016 los monitores de fauna del Instituto de Ecología A.C. reportaron una disminución del 60% en la población de Leptonycteris nivalis, murciélago magueyero grande.

Las causas: uso intensivo de agroquímicos, tala y fragmentación del hábitat. Las noches se vuelven más silenciosas, apenas queda el zumbido de algunos insectos. Sin los murciélagos, el maguey florece en vano, sin que el polen cruce distancias. El aroma de las flores se desperdicia; los quiotes caen resecos, llenos de flores infecundas.

María Rivas, bióloga local, resume el riesgo: “Sin murciélagos migrantes, muchos agaves quedan estériles y los cultivos futuros se empobrecen. El mezcal pierde no solo sabor, sino futuro”. ¿Se puede revertir esta tendencia?

Investigación y conservación: el trabajo de la UNAM y Pronatura en Veracruz y Jalisco

En la estación biológica de Cofre de Perote, Veracruz, el doctor Rodrigo Medellín (UNAM) y la ONG Pronatura han marcado más de 400 murciélagos magueyeros desde 2003 usando anillos numéricos y transmisores de radiofrecuencia. Con estos rastreos, se ha comprobado que los murciélagos recorren hasta 80 kilómetros en una sola noche, favorecidos por noches templadas (17 a 21°C) y vientos suaves.

El monitoreo permitió identificar rutas migratorias críticas desde la Sierra de Amula, Jalisco, hasta Zempoala, Hidalgo. Las comunidades involucradas en el monitoreo reportan que los avistamientos de murciélagos y floración de maguey aumentan cuando dejan el 10% de los magueyes para floración silvestre.

El olor de las flores frescas y el sonido agudo de los murciélagos volando en grupos pequeños son señales de que el ciclo se mantiene vivo. ¿Qué papel juega el conocimiento local en la conservación cotidiana?

Saberes campesinos y el pulque: el ciclo se cierra en Tlaxcala

En San Andrés Ahuashuatepec, Tlaxcala, doña Marcelina, productora de pulque, observa el ciclo de floración y murciélagos con la misma puntualidad que sus abuelos. Cada mayo, el pulque fresco cobra un matiz distinto, más ácido y espeso, cuando los magueyes cercanos han florecido sin interrupción. “Si el murciélago vuela, seguro hay buena semilla y más aguamiel”, dice.

En esta región —a 2,550 metros de altura y con temperaturas nocturnas de 9°C en temporada de floración—, el olor del mosto de pulque se mezcla con un tufo vegetal difícil de describir. Para los campesinos, dejar magueyes para floración no es altruismo ecológico, sino cálculo práctico: “De cada 100 pencas que dejas, tienes semilla para mil, y pulque que dura a largo plazo”.

Las manos de doña Marcelina, rugosas y tibias, seleccionan las semillas: negras, brillantes, ásperas al tacto. Los saberes antiguos describen cómo elegir las mejores y dónde sembrarlas —proporción de 1:3, con tres semillas por hoyo, a 4 cm de profundidad.

¿Podría la industria mezcalera volver a confiar en estos ciclos en vez de técnicas industriales de propagación?

Un vuelo futuro: murciélagos y magueyes en la Feria del Maguey de Santiago Matatlán

La última semana de julio, en la Feria del Maguey en Santiago Matatlán, Oaxaca, los visitantes pueden unirse al recorrido nocturno guiado por el Colectivo Magueyero Oaxaca. A 1,560 metros sobre el nivel del mar, los organizadores prestan linternas rojas para no alterar el vuelo de los murciélagos. El aire es espeso, huele a tierra mojada y roble. Niños y adultos observan, en silencio, la llegada de los Leptonycteris, que zumban y revolotean entre flores abiertas bajo un cielo sin luna.

Al final del recorrido, las manos de los niños se llenan de semillas y polvo de polen: un vínculo tangible entre generaciones. La escena es simple: unos brazos extendidos sostienen el futuro de cientos de magueyes y una promesa de mezcal y pulque auténticos.

Glosario

Quiote
Tallo floral central del maguey, puede crecer hasta 10 metros y porta miles de flores.
Leptonycteris yerbabuenae
Murciélago magueyero menor, principal polinizador nocturno de magueyes en México.
Néctar
Líquido azucarado producido por flores para atraer polinizadores; en maguey tiene alta concentración de azúcares y compuestos volátiles.
Polinización cruzada
Transferencia de polen de una flor a otra, esencial para la diversidad genética en magueyes.
Floración
Etapa en la que el maguey produce flores; suele ocurrir una sola vez al final de su vida.
Propagación clonal
Multiplicación de plantas a partir de hijuelos o esquejes; resulta en individuos genéticamente idénticos.
Cueva del Diablo
Sitio natural en Tequila, Jalisco, que alberga una de las mayores colonias de murciélagos magueyeros migratorios del país.