El silbido de los patos: Lerma, Estado de México, 2620 msnm
Las botas de hule de don Ruperto chapotean en el lodazal al amanecer, cuando el frío de 7°C raspa la piel debajo de la chamarra. Hace veinte años, este borde del humedal en Lerma apenas mostraba vida salvo unas cañas resecas. Hoy, antes de las seis de la mañana, decenas de patos Anas platyrhynchos cruzan en escuadrones ruidosos, espantando a los perros callejeros que deambulan tras el olor denso de lodo y juncia. Ruperto, campesino de 52 años, se agacha a recoger una botella de PET atrapada entre los juncos: cada día llena una bolsa de 10 kilos de basura.
Los humedales urbanos como este cubren menos del 0.1% de la superficie del Valle de Toluca (apenas 700 hectáreas de casi 800 mil), según la CONABIO. Sin embargo, aquí se filtran y limpian millones de litros de agua cada semana, dejando el olor a fango fresco y la tibieza de la niebla mañanera en el aire. El ciclo es invisible para la mayoría.
No es casualidad que Lerma concentre más de 300 especies de aves registradas. Pero, ¿qué hay bajo la superficie? Don Ruperto dice que, a veces, el lodo rezuma con burbujas de gas y el eco de los sapos retumba más fuerte que el tráfico de la carretera libre a la Ciudad de México. El borde del humedal no es frontera, es laboratorio y refugio.
Lo que ocurre aquí cada madrugada —el encuentro entre aguas negras y raíces, entre la escarcha y la vida— es el primer paso para entender la magia y el reto de los humedales urbanos. Pero, ¿cómo sobrevive este ecosistema entre avenidas y fábricas?
Del Lago de Texcoco a Xochimilco: nombres y números de los sobrevivientes
Casi todas las ciudades mexicanas crecieron sobre antiguos cuerpos de agua. El Lago de Texcoco, el de Chapultepec, el de San Pedro Tlaquepaque: la mayoría son ya sólo nombres en mapas viejos. Pero Xochimilco (CDMX), con sus 2,357 hectáreas de humedal, sigue recibiendo agua y gente desde hace más de 500 años.
El humedal de Xochimilco no sólo flota sobre chinampas de lodo volcánico y tule (Schoenoplectus acutus). También absorbe cada año más de 15 mil toneladas de contaminantes, según cifras de la UNAM en 2022. El agua aquí huele a raíces recién cortadas y a veces, en septiembre, a putrefacción cuando sube el nivel y la basura acumulada se descompone.
En Toluca, menos del 3% de los humedales originales sobreviven según estudios de la Universidad Autónoma del Estado de México. Pero cada metro cuadrado que persiste sirve de hábitat para rana de Moctezuma (Rana montezumae) y ajolote del altiplano (Ambystoma altamirani), especies que desaparecen cuando la mancha urbana avanza de más.
La conservación de estos sitios depende de una ecuación incómoda: agua residual, presión inmobiliaria, y una memoria colectiva con lagunas. ¿Por qué, entonces, una planta como el lirio puede prosperar mejor en una ciudad que en un campo abierto?
Raíces que filtran: la ciencia de la fitodepuración según la UNAM
En un pequeño laboratorio del Instituto de Ingeniería de la UNAM, tubos de acrílico con secciones de 40 cm exhiben raíces enredadas de Phragmites australis (carrizo) y Eichhornia crassipes (lirio acuático). Los investigadores vigilan cómo el agua residual —a 23°C, con olor ácido y tonos ocres— atraviesa distintos sustratos: tezontle, grava, arena.
La fitodepuración consiste en dejar que plantas específicas absorban metales pesados, nitrógeno, y fósforo a través de sus tejidos. Los experimentos de la Mtra. Patricia Zamora han mostrado que el lirio puede filtrar hasta 2.5 kilos de plomo por hectárea en un mes, mucho más que el mismo lirio en lagos rurales. ¿La razón? La competencia feroz en el humedal urbano selecciona plantas más eficientes.
El proceso no ocurre sólo en la raíz: microbios asociados a cada milímetro de tallo y rizoma metabolizan amoníaco y nitritos a una velocidad que dobla la de un filtro mecánico casero. El olor, al final, cambia: menos amoníaco, más lodo y una pizca de verdín fresco en el aire.
No es magia, es biología aplicada al caos del drenaje. Pero, ¿puede cualquier persona replicar este proceso en pequeño?
¿Drenaje filtrado? Humedales artificiales en Nezahualcóyotl, 2020
Nezahualcóyotl, con 1.1 millones de habitantes y apenas 11.7 km² de áreas verdes según la SEDATU, puso a prueba humedales de tratamiento en camellones. El olor a aguas negras se fue reemplazando por el dulzor de la menta silvestre cuando, en 2020, se inauguró el primer sistema con 450 m² de lecho filtrante.
El colectivo Agua para Todos, junto con el ITESM y la UNAM, diseñó estos humedales artificiales para tratar hasta 60 mil litros diarios. La clave está en una cama de grava de 40 cm, sobre la que crecen lirios y carrizo. Por ahí pasa el agua del drenaje antes de llegar al desagüe pluvial.
Los registros de monitoreo mostraron una reducción del 95% en bacterias coliformes y una caída de 60 mg/L en nitratos, bajando el olor a podrido y el color barroso típicos de los canales urbanos. La textura del agua se vuelve más suave al tacto, menos pegajosa que la del drenaje original.
Pero los errores abundan: demasiada sombra, y el lirio muere; exceso de químicos, y el lecho se satura en semanas. ¿Cómo elegir las especies y materiales correctos?
Manual de campo: cómo hacer un humedal de bolsillo en casa
Construir un mini-humedal en el patio o azotea no requiere más que un cajón de plástico (mínimo 80 x 50 x 30 cm), 40 kg de grava volcánica, 15 litros de arena gruesa, y al menos 3 plantas de lirio acuático (Eichhornia crassipes) o carrizo (Phragmites australis), que se pueden conseguir en el Vivero Nezahualcóyotl por menos de $120 cada una. Instala el cajón bajo sombra parcial (al menos 4 horas de sol), coloca la grava y arena en capas alternadas y llena con agua hasta 5 cm por debajo del borde.
Añade un litro de agua residual (de lavar ropa, por ejemplo) cada dos días. Si aparece espuma blanquecina o el olor se vuelve fuerte y persistente, dilúyelo con más agua limpia y retira hojas muertas: es señal de saturación de nutrientes. Dos veces al mes, revisa que las raíces estén firmes y blancas, no babosas.
- Materiales básicos: grava volcánica, cajón plástico, lirios/carrizo, agua residual.
- Costo total: entre $400 y $700 para un sistema casero.
- Evita: exceso de detergentes, falta total de luz, agua con aceites minerales.
El éxito se mide en el cambio de olor (de jabón o amoníaco a tierra húmeda) y en el color: el agua debe irse aclarando semana a semana. Pero, ¿puede un solo cajón marcar diferencia si el sistema hidráulico de la ciudad sigue colapsado?
De la azotea al colector: impacto real en la Ciudad de México
En la colonia Ajusco, al sur de la Ciudad de México, el colectivo Isla Urbana ha instalado más de 90 humedales caseros desde 2019, para tratar aguas grises antes de que lleguen al drenaje profundo. Cada uno de estos sistemas procesa de 60 a 100 litros diarios, bajando la carga de contaminantes y el olor ácido que sube por las coladeras.
En promedio, las pruebas de laboratorio realizadas por la UAM Xochimilco a 15 de estos humedales mostraron reducción de hasta el 85% en sólidos suspendidos y 70% en detergentes. Cuando abres la tapa de uno después de tres meses, el aire huele a hoja mojada y no a tubo, la señal de que los microbios y plantas están haciendo su trabajo.
Un solo humedal por casa parece anecdótico, pero, según el Ingeniero Oscar Rojas de Isla Urbana, "si mil familias lo instalan, equivaldría a descontaminar casi un millón de litros al mes". Los datos del SACMEX muestran que esto sería suficiente para mantener limpio un tramo de 2 km de canal pluvial en temporada de lluvias.
Aun así, el riesgo de saturación y mal manejo queda en el aire: sin mantenimiento mensual, el sistema falla y el olor rancio regresa. Entonces, ¿quién se encarga de mantener todo funcionando a largo plazo?
La batalla política: humedales y normatividad en 2023
Mientras doña Ernestina barre la banqueta en el Barrio de San Sebastián, Xochimilco, el eco de una retroexcavadora retumba entre las jacarandas. En marzo de 2023, el Congreso de la CDMX discutió la modificación a la Ley de Aguas, poniendo en juego la protección de 1,600 hectáreas de humedales urbanos restantes.
El INECC (Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático) recomendó declararlos Áreas de Valor Ambiental, argumentando que cada hectárea puede filtrar hasta 10 mil toneladas de agua sucia al año. Pero la presión de los desarrolladores inmobiliarios y la promesa de nuevos fraccionamientos mantienen el conflicto sin resolver: el olor a mezcla nueva y concreto húmedo se mezcla con el perfume de los lirios en flor.
En la última década, la superficie de humedal legalmente protegida en la CDMX cayó un 12%. Organizaciones como Centli y Ecoguardas han levantado denuncias, pero la maquinaria sigue avanzando. El peligro es perder para siempre ese colchón verde que amortigua las inundaciones y depura el aire y el agua.
La pregunta de fondo queda flotando entre los vapores del canal: ¿un humedal urbano vale más como parque natural, planta de tratamiento, o terreno para nuevos edificios?
Más allá del agua: humedales como medicina y refugio
En la comunidad otomí de San Mateo Atenco, a 2,540 msnm, doña Alejandra recoge hojas de tule bajo los primeros rayos del sol. Las trenza con manos húmedas, formando petates que, según la tradición, absorben la humedad y el frío de los pisos de tierra. Cada año, la comunidad cosecha más de 2,500 atados de tule (Schoenoplectus acutus) de los bordes del humedal, usando sólo cuchillos de acero y barcas de madera, el olor del pasto cortado subiendo como vaho caliente bajo el sol de febrero.
Además de filtrar agua, los humedales regalan plantas medicinales como el ahuejote (Salix bonplandiana), cuyas hojas frescas se usan como antiinflamatorio. Según la farmacognosta Blanca León del Instituto de Biología de la UNAM, el extracto de ahuejote contiene salicina, precursor de la aspirina, y se recolecta en ramas de menos de 2 cm de grosor para evitar que el árbol muera.
En estas orillas, el olor a barro y savia se mezcla con el canto de las ranas. No es sólo agua: son hábitat, farmacia, y resguardo para aves migrantes como la garza blanca (Ardea alba), que recorre más de mil kilómetros para anidar aquí.
La medicina del humedal está en su diversidad, pero depende de que el ciclo del agua no se interrumpa. ¿Cómo asegurar que siga fluyendo en medio de la expansión urbana?
Errores comunes y alertas: lo que nunca te dicen en los folletos
Cuando la familia Hernández instaló su humedal casero en Ixtapaluca en 2021, no imaginaron el desastre: a las pocas semanas, el agua olía a huevo podrido y las plantas flotaban muertas. Habían puesto demasiada agua jabonosa y apenas les llegaba una hora de sol al día. El vecino del 9, don Goyo, intentó arreglarlo con más lirios, pero el problema era el sustrato: usaron tierra de jardín, y no grava.
Expertos del COAPA (Centro Operativo de Agua Potable y Alcantarillado) recomiendan nunca exceder el 10% de detergente en el agua y mantener al menos 4 horas de luz solar. El sustrato debe ser grava volcánica o tezontle; la tierra común se compacta y ahoga las raíces.
Otra trampa: el lirio acuático es invasor fuera de su hábitat. Si se escapa al drenaje, puede tupir canales y matar peces. Por eso, al retirar plantas de un humedal casero, siempre hay que secarlas al sol y desecharlas en bolsas cerradas para evitar que se propaguen.
- Chequeo semanal: color y firmeza de raíces.
- No usar aceites o solventes industriales.
- Mantener libre de basura y recoger periódicamente hojas muertas.
El éxito de un humedal urbano depende de pequeños detalles. Pero, ¿qué pasa cuando el ciclo del agua cambia por sequía o exceso de lluvia?
Cuando el agua escasea: resiliencia y futuro en Zapopan, Jalisco
En el parque Metropolitano de Zapopan, los eucaliptos y fresnos crecen a la orilla de los últimos humedales urbanos del área. En 2022, la sequía bajó el nivel del agua a menos de 20 cm en algunos puntos, dejando al descubierto el lodo resecado y el olor a tierra agrietada, mezclado con la promesa de lluvia tras el calor de 34°C.
Para contrarrestar el déficit, el gobierno municipal y la organización Agua y Vida instalaron sistemas de captación de agua de lluvia con tanques de 5,000 litros y canales de alimentación hacia los humedales. El esfuerzo logró mantener viva la zona de juncos y lirios, así como reducir la temperatura local hasta en 2°C según reportes de la UdeG.
El ingeniero Luis Salcedo, del SIAPA, recalca: “Un humedal en la ciudad es como un pulmón con asma: cualquier cambio brusco afecta a todos los que dependen de él, desde los charales hasta los corredores matutinos.”
La resiliencia de los humedales urbanos depende de su red de conexiones: azoteas, patios, canales y hasta banquetas pueden alimentar o matar el sistema. ¿El futuro? Se juega en los detalles cotidianos y las decisiones de miles.
Escena final: un grito sobre el agua en Santa María la Ribera
El sol se filtra entre las hojas de ahuehuete en la Alameda de Santa María la Ribera, donde un charco de apenas 8 m² sobrevive entre bancas y concreto. Dos niños, botas de hule rojo, patean el agua hasta que la superficie burbujea. El eco de un pato invisible, perdido entre el tránsito y los tronidos de camión, dibuja la esperanza de otro ciclo.
No hay manual definitivo ni milagro de último minuto. Lo que hay son pruebas: grava, agua sucia, raíces resistentes, y manos dispuestas a raspar el lodo. Si quieres aprender en colectivo, el taller mensual de humedales urbanos de Isla Urbana (av. México 519, Coyoacán, CDMX; último sábado de mes, $80 por persona) convoca a quien quiera embarrarse las manos y el futuro. El siguiente humedal urbano empieza en la cubeta de tu azotea.
Glosario
- Fitodepuración
- Técnica que utiliza plantas para limpiar el agua contaminada mediante absorción y transformación de nutrientes y metales pesados.
- Lirio acuático (Eichhornia crassipes)
- Planta flotante invasora que filtra contaminantes y metales del agua, pero puede tupir canales si no se controla.
- Lecho filtrante
- Capa de grava o tezontle donde enraízan las plantas acuáticas y circula el agua a limpiar.
- Coliformes
- Bacterias indicadoras de contaminación fecal en el agua; su reducción es clave en el tratamiento.
- Tule (Schoenoplectus acutus)
- Planta acuática de tallos largos, usada para filtrar agua y fabricar petates u objetos trenzados.
- Ajolote del altiplano (Ambystoma altamirani)
- Anfibio endémico de humedales altos del Valle de México, indicador de buena calidad de agua.
- Saturación de nutrientes
- Condición en que el sistema ya no puede procesar más contaminantes; se nota por olor fuerte y muerte de plantas.