La mañana en San Antonino: leña, sol y un rumor azul

Antes de que el gallo cante en San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca (altitud: 1550 msnm), don Aurelio, sombrero gastado y botas cubiertas de polvo, recoge ramitas de mezquite seco (Prosopis laevigata) cerca del río Atoyac. El olor a tierra húmeda compite con el humo tenue que sale de su fogón. A las 6:12 am, ya tiene suficiente leña para encender el desayuno. Sobre el techo de lámina, las placas solares del colectivo Ollin Sol brillan con la primera luz, emitiendo destellos fríos en la neblina. Nadie discute: aquí, la energía huele a madera y sabe a tortilla caliente.

San Antonino, según datos de la Secretaría de Energía (SENER), apenas cruzó el 65% de cobertura eléctrica formal en 2022. El resto se resuelve mezclando leña, diésel, y –desde hace cinco años– energía solar comunitaria. La transición, sin embargo, no pasa solo por instalar paneles: implica convencer al vecino, aprender a conectar inversores y, sobre todo, resistir las promesas fáciles de la CFE.

El eco de los machetes cortando madera se mezcla con el zumbido eléctrico de los paneles solares. Es una coreografía que cambia, apenas perceptible, cuando una nevera nueva empieza a zumbar en la puerta de la tienda de doña Margarita. “Si la luz falla, la leña nunca nos deja”, dice, sacudiéndose el delantal polvoriento. Lo que nadie dice en voz alta: un mal cálculo puede dejar la comunidad a oscuras una semana entera.

Pero el dilema no es sólo técnico, ni tampoco romántico. ¿Por qué, si el sol sobra, no hay más techos brillando en los pueblos de los Valles Centrales?

El sol repartido: cooperativas, resistencia y micro-redes en Yucatán

En la comisaría de Kinchil, Yucatán (ubicación: 21.0147° N, 90.0451° W), una docena de familias se agrupan bajo la sombra densa de un flamboyán rojo (Delonix regia). El calor a las 2:30 pm se siente pegajoso, la humedad ronda el 78% y el aire huele a mango fermentado. Desde 2020, la cooperativa Energía Maya instala sistemas fotovoltaicos compartidos en techos de palapa y aulas escolares, logrando bajar la factura eléctrica de 1700 a 230 pesos mensuales por familia en promedio, según datos de la Red de Energía Comunitaria de la Península.

Aquí el reto no fueron los materiales –el silicio de los paneles llegó de Monterrey, los inversores de la Ciudad de México–, sino el miedo a dañar aparatos y la sospecha hacia contratos colectivos. Andrés Uc, técnico yucateco, recuerda: “Al principio, nadie quería firmar. Hasta que la secundaria se conectó y la luz no se fue ni un solo día en la canícula”.

La micro-red funciona así: cada casa conecta un inversor de 1.2 kW, los excedentes vuelven a la red comunitaria y se reparten según el consumo registrado por medidores digitales. La cooperativa cobra una cuota de mantenimiento: 80 pesos mensuales, cubre limpiezas, reemplazo de baterías y capacitación de nuevos técnicos. El mantenimiento huele a sudor, plástico caliente y, de fondo, al café recalentado al que se aficionan los instaladores.

Una pregunta flota mientras baja el sol: ¿quién repara el sistema si el técnico se va a Mérida por trabajo mejor pagado?

Biogás en la Sierra Purépecha: cáscaras, estiércol y una promesa subterránea

A las afueras de Cherán, Michoacán (coord. 19.6977° N, 101.9536° W), bajo un tejabán de teja roja, doña Petra mezcla cáscaras de papa, bagazo de pulque y estiércol de borrego en un tambor azul de 200 litros. La mezcla, tibia y burbujeante, despide un olor ácido y punzante. El biodigestor, construido por la organización Purépecha Energía Limpia en 2021, permite a diez familias cocinar sin usar leña, ahorrando hasta 2 toneladas de madera por año, según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático.

El proceso no es misterioso, pero sí exigente: cada día se agregan 7 kg de residuos y 16 litros de agua. El tambor, sellado con válvulas de PVC, se entierra a medio metro para aprovechar el gradiente térmico del suelo (temperatura estable: 22°C). En dos semanas, el gas metano se acumula en una bolsa de polietileno que se infla como pan al horno. La presión se regula con piedras y una manguera con válvula de garrafón.

Las primeras veces, el gas olía a huevo podrido. Ahora, tras adaptar un filtro de aserrín y carbón activado, huele menos fuerte, casi como el fondo de un pozo tras la lluvia. El fogón, encendido con biogás, hace menos ruido que la leña y no mancha las ollas de hollín.

Pero si el biodigestor revienta por exceso de presión, el patio se llena de lodo ácido y el almuerzo se cancela. ¿Cuántos errores puede cometer una comunidad antes de desistir en el intento?

Leña sostenible: el arte de cortar sin agotar en la Mixteca Alta

En Santo Domingo Yanhuitlán (altitud: 2200 msnm), la sierra se recorta violeta contra el cielo seco de abril. Don Tomás, machete en mano, recorre los encinares de Quercus rugosa con un grupo de ejidatarios. El olor de las hojas secas aplastadas bajo las botas se mezcla con la resina que se pega a las manos. Aquí, la leña no es recurso, sino calendario: el corte se programa después de la luna nueva, entre junio y agosto, para minimizar el daño y permitir la regeneración de los árboles.

La UNAM y el Instituto de Biología documentaron en 2019 que las comunidades que rotan sus áreas de corte y usan hornos de alto rendimiento (tipo Patsari) pueden reducir el consumo de leña hasta 55% anual, sin disminuir el sabor del nixtamal. Don Tomás lo explica golpeando el tronco: “El árbol vuelve a brotar si lo dejas descansar cinco años”. El sonido seco resuena en la cañada.

Las reglas se aplican con rigor: nada de cortar árboles jóvenes o en época de lluvia, no arrasar con ramas finas y reforestar cada parcela al terminar el ciclo. Los errores más comunes: cortar sin dejar brotes o elegir especies que tardan más de una década en recuperarse, como el encino blanco (Quercus magnoliifolia).

Pero el mayor enemigo es invisible: el precio del gas LP bajó a 11.90 pesos por litro en 2023, tentando a familias jóvenes a abandonar el monte. ¿Quién defenderá el bosque cuando el precio suba de nuevo?

Cómo montar un sistema solar comunitario (y evitar fiascos costosos)

La experiencia del colectivo Tosepan Titataniske, en Cuetzalan, Puebla (ubicación: 20.0182° N, 97.5331° W), ofrece una guía para quien quiera instalar energía solar sin caer en promesas vacías. En 2018, Tosepan instaló 15 kW de paneles en la cooperativa, bajando su consumo de la red en 60% y logrando autonomía parcial durante los cortes frecuentes de la zona.

El proceso:

  1. Medir el consumo eléctrico real (usar wattímetros o tablas de CFE).
  2. Dimensionar el sistema con un margen del 20% sobre el máximo estimado.
  3. Comprar en conjunto: los mayoristas (Solaris, Gran Solar) ofrecen descuentos por volumen a cooperativas.
  4. Capacitar a un técnico local: el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) ofrece talleres (ver agenda en www.ineel.mx/talleres).

El olor a silicón y a soldadura fría acompaña el cierre de cada caja de conexiones. Un fallo común: no calcular el peso de los paneles y desplomar el techo tras la primera lluvia fuerte. ¿Quién se hace responsable cuando el primer granizo abre un agujero en la lámina?

Escena de futuro: la noche y las luciérnagas en Hueyapan

En Hueyapan, Morelos, al pie del Popocatépetl (18.9864° N, 98.6847° W), la noche de junio huele a bugambilia y tierra mojada. Un grupo de niñas juega entre huertos de jitomate mientras una docena de luciérnagas titila sobre los bancales. Desde el centro comunitario, la luz led — alimentada por paneles solares instalados en 2023 por la Fundación Iluméxico — marca un pequeño resplandor azul que no existía antes. Los grillos callan cuando la puerta cruje y los niños entran corriendo.

El responsable técnico, Rubén Velázquez, mira el inversor mientras revisa la pantalla. “La clave es que la comunidad pueda reparar su propio sistema, no depender de ingenieros que nunca llegan”. Entre el olor a café y a cables nuevos, las abuelas preguntan si el sistema aguantará la próxima temporada de huracanes.

El Popocatépetl, distante pero presente, lanza una fumarola blanca que se recorta contra el cielo negro. Nadie sabe si la próxima tormenta tirará el sistema eléctrico, pero, por ahora, una docena de casas pueden prescindir de velas y diésel. La pregunta de fondo: ¿cuántas Hueyapan caben todavía en el mapa?

Glosario

Panel solar fotovoltaico
Dispositivo que convierte la energía solar en electricidad mediante células de silicio.
Biodigestor
Contenedor hermético donde se descompone materia orgánica para producir biogás y fertilizante.
Inversor
Equipo electrónico que transforma corriente directa de baterías o paneles en corriente alterna utilizable.
Leña sostenible
Práctica de cortar madera siguiendo reglas ecológicas que permiten la regeneración de los árboles.
Micro-red
Sistema local de distribución eléctrica que puede operar conectado o desconectado de la red nacional.
Filtro de carbón activado
Material que retiene gases y olores indeseables en sistemas de biogás.
Patsari
Tipo de estufa de leña eficiente, diseñada en Michoacán para reducir humo y consumo de madera.