En la bruma de Xochimilco: don Chuy y el zumbido invisible
Don Chuy, chinampero de San Gregorio Atlapulco, hunde el pie en el lodo frío de la trajinera al amanecer. Entre su mano y la albahaca morada reposa un colibrí —un Archilochus colubris— que zumba nervioso, apenas a diez centímetros de su oreja. Son las 6:10 de la mañana, la neblina baja a 2°C cubre los canales, y sobre la superficie flotan hojas de ahuejote. Aquí, a 19°17' latitud norte, parece que nada se mueve. Pero basta detenerse: un estornudo de polen amarillo cae de la flor, invisible en el aire, y la vida entera de la chinampa depende de ese intercambio diminuto.
De acuerdo con la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, hay más de 2,100 especies de plantas en la zona lacustre, y al menos 37 tipos de polinizadores, desde la abeja melipona (Melipona beecheii) hasta mariposas del género Heliconius. El lodo huele a raíces mojadas y humus fermentado. El secreto, dice don Chuy, está en saber cuándo el zumbido sube de tono: “Si la flor vibra, la tierra despierta”.
El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) midió en 2021 un descenso del 47% en la población de abejas nativas en Xochimilco comparado con 1998. Aun así, el rebote reciente coincide con la restauración de humedales, pero nadie en la trajinera lo comenta en voz alta. ¿Qué puede una flor frente al concreto que avanza?
El rumor de los polinizadores es antiguo, pero los métodos para restaurar el suelo y el agua apenas empiezan a dejar huella en la ciencia. ¿Cómo exactamente revive un humedal cuando el primer colibrí regresa?
La danza de los humedales: Ciénaga de Lerma y la ingeniería de la vida
En la Ciénaga de Lerma, Estado de México, el aire huele a junco y azufre. A 2,580 metros sobre el nivel del mar, técnicos de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) colocan trampas de luz para medir los polinizadores nocturnos. Cada noche, entre 2017 y 2022, registraron 14 especies nuevas de polillas y escarabajos que jamás antes se habían documentado en el sitio.
Según el inventario de la Conabio, este humedal perdió un 95% de su extensión original desde 1934, quedando apenas 3,023 hectáreas de espejo de agua, rodeado de cultivos de maíz y cebada. El barro cruje bajo botas de hule mientras, a las 21:40, una rana Rana montezumae lanza un croar que resuena como piedra sobre agua. A pocos metros, el técnico mide la humedad: 91% sobre el pasto.
El papel de los humedales en la polinización es menos obvio que el de un campo de flores, pero la ciencia ya lo está decodificando. En 2019, la investigadora Luz María Romero del IPN publicó que los humedales restaurados duplican la diversidad y la abundancia de polinizadores respecto a parcelas vecinas sin agua libre. ¿A qué se debe ese efecto multiplicador?
Podría pensarse que los polinizadores buscan flores, pero aquí la clave es el microclima: humedad estable, sombra y refugio. El croar de una rana anuncia que el ecosistema tiene pulso, y la llegada de un escarabajo polinizador puede detonar una cadena que los agricultores apenas intuyen.
Polinizadores nativos: Meliponas, Xochimilcas y la química del barro
En el taller comunitario Tlalmanalli, en Santa Cruz Acalpixca, Xochimilco, las manos de doña Remedios huelen a resina y barro fresco. Su labor: construir colmenas de melipona —la abeja sin aguijón— con barro local y fibras de tule. La colmena mide 36 centímetros de largo, 18 de ancho, y pesa poco menos de 3 kilogramos. Cada año, la comunidad instala 12 nuevas colmenas y monitorea con la UNAM la producción de miel y la tasa de visitas a las flores de calabaza (Cucurbita pepo).
La meliponicultura existe en la región desde hace más de 600 años, según investigaciones de la Dra. Patricia Vit de la UNAM, pero la restauración reciente va más allá de la miel. Las abejas meliponas pueden polinizar a temperaturas de apenas 11°C, cuando las abejas europeas (Apis mellifera) permanecen inmóviles. El olor a miel fermentada inunda la sala de trabajo cada vez que se abre una colmena. En 2020, la comunidad reportó un aumento del 18% en el rendimiento de calabaza tras introducir cinco colmenas en una sola chinampa.
El barro actúa como aislante térmico y regulador de humedad, permitiendo que las abejas trabajen incluso en días fríos y neblinosos, típicos del altiplano. La comunidad observa que el color de la miel varía de dorado claro a ámbar rojizo según la floración y la estación.
El barro, la resina y el sudor de las manos se mezclan en una alquimia que desafía la lógica de la agricultura intensiva. ¿Qué sucede cuando se vincula la técnica tradicional con la restauración de un ecosistema acuático?
Caminos de agua y polen: técnicas prácticas para restaurar un humedal
Restaurar un humedal implica más que excavar canales: en la ribera de Almoloya del Río, técnicos de la UAEM y vecinos organizaron en 2022 una faena colectiva para replantar tule (Schoenoplectus acutus) y ahuejote (Salix bonplandiana). El proceso inicia en febrero, cuando el agua fría —6°C medida a las 7:00 a.m.— permite manipular el lodo sin que se compacte demasiado.
- Arranque de tule: con machete limpio, se cortan rizomas de 30-40 cm de longitud.
- Siembra: cada rizoma se entierra 10 cm en el lodo a intervalos de 60 cm, cubriendo franjas de hasta 100 metros lineales.
- Plantación de ahuejote: se colocan estacas de 2 m de altura, preferentemente de madera joven, a una distancia de 5 metros entre sí.
- Costo aproximado: $14 a $22 pesos por rizoma, $60 por estaca en viveros locales (ej. Vivero Forestal El Huizachal, Ocoyoacac).
El error más común es dejar los rizomas expuestos al sol: en menos de 30 minutos se secan y mueren. Los técnicos recomiendan cubrirlos con costales húmedos o lodo hasta plantar. El agua debe mantenerse a una profundidad mínima de 20 cm durante las primeras 4 semanas.
La diferencia sensorial es inmediata: tras dos semanas, el aire huele más fresco y se escuchan grillos entre las plantaciones. Al medir la diversidad de insectos, la UAEM reportó un aumento del 32% en el primer verano respecto al año previo.
¿Qué papel juegan los polinizadores en este mosaico de lodo y tallos verdes? La próxima flor del tule traerá la primera abeja, y con ella, la verdadera restauración.
La ciencia detrás del zumbido: estudios recientes y resultados inesperados
En 2021, la revista Biological Conservation publicó un estudio liderado por la Dra. Natalie Hernández (UNAM) que rastreó 18 años de polinizadores en los humedales de Chalco. El equipo instaló 53 transectos de 100 metros cada uno, midiendo visitas de abejas, colibríes y mariposas a lo largo de las estaciones. El pico de actividad, curiosamente, no coincide con el máximo de flores, sino con la humedad relativa que sigue a las primeras lluvias de mayo.
El laboratorio de Ecología Funcional de la UNAM reportó en 2020 que la restauración de humedales incrementa la producción de semillas viables en un 67% para especies acuáticas como el lirio Eichhornia crassipes. El olor a tierra mojada y lirios recién abiertos es tan denso que, según los investigadores, “puede sentirse en la lengua”.
Los sensores térmicos instalados por el Cinvestav en 2019 detectaron microclimas donde la temperatura nocturna baja hasta 4°C menos en parches restaurados, permitiendo la supervivencia de especies que no resisten el calor urbano.
¿Puede un humedal restaurado cambiar el clima local y, con él, la composición entera de polinizadores? Los datos sugieren que sí, pero la historia apenas comienza.
Cosecha de polen y agua: experiencias de la red chinampera
En abril de 2023, la Red de Chinamperos de Xochimilco reunió a 17 familias para la primera cosecha colectiva de semillas de calabaza y frijol, ambas polinizadas en un 92% por abejas nativas según monitoreos de la UAM. El aroma a flores trituradas y manos embarradas de tierra domina la orilla del canal. Cada familia reportó rendimientos de hasta 310 kilos de calabaza en parcelas de 600 metros cuadrados, un incremento del 22% respecto a 2019.
La conexión es clara: la diversidad de polinizadores sube con la restauración de canales y humedales, y esa riqueza se traduce en comida, semillas y resistencia a plagas. “Sin abejas y sin agua no hay milpa ni vida en la chinampa”, resume la ingeniera Alejandra Morales, asesora de la UAM-Xochimilco.
Un niño, Miguelito, recoge semillas entre los restos de flor: sus uñas negras de tierra, el sudor brillante en la frente. No entiende de porcentajes, pero ve cómo la tierra revive cuando el canal huele a flor y la trajinera se llena de zumbidos.
¿Qué pasaría si cada milpa del altiplano contara con su pequeño humedal y su comunidad de abejas nativas? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero la evidencia apunta a un renacimiento silencioso.
Glosario
- Chinampa
- Sistema agrícola prehispánico de islas artificiales construidas sobre lagos y humedales, típico de Xochimilco y el Valle de México.
- Melipona
- Género de abejas sin aguijón nativas de América, cruciales como polinizadoras en ambientes tropicales y subtropicales.
- Rizoma
- Tallo subterráneo horizontal que genera raíces y brotes, usado en la propagación de plantas acuáticas como el tule.
- Ahuejote
- Árbol endémico (Salix bonplandiana) fundamental en la estabilización de suelos en humedales y chinampas.
- Transecto
- Línea recta utilizada en estudios ecológicos para contar y monitorear especies a lo largo de un espacio definido.
- Microclima
- Condiciones atmosféricas particulares de un área pequeña, como la humedad y temperatura en un humedal restaurado.
- Lirio acuático
- Planta flotante (Eichhornia crassipes) común en humedales, con flores lilas y hojas gruesas, indicador de ecosistemas sanos.