Una bocanada verde en la mañana fría de San Bartolo Morelos
Don Gervasio —manos callosas, huaraches viejos— arranca un puño de epazote recién mojado por el rocío de las seis, en una parcela a 2,480 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de San Bartolo Morelos, Estado de México. El olor, penetrante y terroso, le pica la nariz. Con un machete, corta tallos de Dysphania ambrosioides mientras murmura que, sin esa hierba, ni la sopa de frijol ni el estómago aguantan la temporada de lluvias. Siempre es el mismo ritual: cortar antes del sol, atar en ramilletes de veinte y colgar bajo el techo de lámina oxidada. ¿Qué tienen esas hojas que las abuelas confían más que en la farmacia?
El primer corte del día marca el ritmo de la cocina y, a veces, la salud de la casa. La humedad de la tierra se mezcla con el olor dulce y picante del epazote, un aroma tan inconfundible que hasta los perros del rancho lo evitan. Hace cien años —y todavía hoy, según los registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia— aquí nadie pregunta por pastillas si hay parásitos: preguntan si hay epazote fresco.
Aunque los médicos de la clínica cercana de Atlacomulco ofrecen tabletas de mebendazol desde 1984, doña Flor, curandera local, insiste: “El epazote no falla para los gusanos, pero hay que saber usarlo”. El secreto, asegura, es la dosis. Pero en cada casa, la receta cambia. ¿De dónde viene esa fe inquebrantable en una planta de olor tan potente?
Lo que la ciencia ha empezado a entender es que, bajo ese aroma que empalaga y persiste hasta en las uñas, hay moléculas capaces de poner en jaque a parásitos y, a veces, a quienes abusan de ellas. Pero esa historia —y sus riesgos— apenas empieza a desenredarse.
El villano bajo la lupa: parásitos intestinales y la promesa amarga del epazote
En los años cincuenta, el Centro Médico Nacional La Raza de la Ciudad de México reportó que casi el 60% de los niños de zonas rurales presentaban infecciones por Ascaris lumbricoides —las lombrices intestinales más comunes. A falta de laboratorios, la abuela preparaba infusiones de epazote: cinco ramitas en medio litro de agua, hervidas hasta que el vapor llenaba la cocina de ese olor entre alcanfor y cilantro rancio.
El epazote no es solamente tradición. En 1926, el químico mexicano José Ramírez y Ramírez aisló el ascaridol: un compuesto de olor mentolado, presente hasta en 70% del aceite esencial de la planta. Este líquido, que arde al tacto y deja sensación amarga en la lengua, resultó ser letal para los nematodos y amebas intestinales. Sin embargo, también puede ser tóxico para el hígado humano en dosis altas.
El Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE) aún documenta brotes de enteroparásitos en comunidades de Oaxaca y Chiapas, donde el acceso a medicamentos sigue siendo limitado en 2024. Los médicos rurales advierten que el epazote, usado con mesura, reduce los síntomas, pero nunca debe darse a niños menores de dos años debido a su potencia y riesgo de intoxicación.
El olor penetrante que sale de la olla al hervir la infusión no solo ahuyenta a los insectos de la cocina: también anuncia que algo en la casa —o en el cuerpo— está a punto de cambiar. Pero, ¿cómo actúa ese olor en el organismo y por qué no todos los remedios funcionan igual?
Ascaridol: la molécula que no deja dormir a los gusanos
En 1895, un farmacéutico suizo llamado Paul Karrer logró describir la estructura del ascaridol, el principio activo más estudiado del epazote. Su fórmula C10H16O2 fue confirmada en 1960 usando espectroscopía de masas en la Universidad de Zurich. El ascaridol es responsable de ese olor que llena los camiones de hierbas en el mercado de La Merced en la Ciudad de México y que, si se inhala de cerca, deja una sensación mentolada en la garganta.
La acción antiparasitaria del ascaridol es brutal: aturde el sistema nervioso de los gusanos, paraliza sus músculos e impide su fijación en las paredes intestinales. Un estudio publicado en 2021 en la revista 'Parasitology Research' mostró que una concentración de apenas 0.3 mg/ml de aceite esencial eliminó hasta el 95% de larvas de Ancylostoma duodenale in vitro. Sin embargo, en humanos, la tolerancia varía y el margen entre la dosis útil y la tóxica es estrecho.
- La presencia de ascaridol varía según el clima, altura y tipo de suelo: plantas de Morelos (1,200 msnm) tienen de 50% a 68%, mientras que en Puebla raramente pasa del 40%.
- El olor más fuerte no siempre significa más eficacia: la cantidad de ascaridol se incrementa en plantas jóvenes y decrece al florecer.
- La textura rugosa de las hojas permite que los aceites esenciales se liberen al machacarlas, activando el olor en segundos.
Pero el ascaridol no actúa solo. ¿Qué otras moléculas trabajan en la sombra y cómo pueden jugar a favor —o en contra— de quien lo consume?
Más allá del ascaridol: compuestos secundarios y el rompecabezas farmacológico
En el laboratorio de fitoquímica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la doctora Rosalía Hernández ha identificado al menos 14 compuestos secundarios en Dysphania ambrosioides: limoneno, p-cimeno y terpenos como el carvacrol y el α-terpineol, todos con aromas mezclados —cítricos, resinosos, a veces a madera verde. La sinergia entre ellos parece aumentar el efecto antiparasitario comparado con el ascaridol puro.
Un análisis de 2017, realizado en el Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada-IPN, mostró que el limoneno constituye hasta el 12% de los aceites volátiles en epazote cosechado en Huamantla, Tlaxcala. Este compuesto, además de su aroma fresco, tiene un efecto repelente sobre insectos que —según testimonios de campesinos locales— disminuye la infestación de pulgones en los cultivos aledaños.
El sabor anisado del carvacrol se siente apenas se mastica una hoja tierna. No en todas las regiones predomina: plantas de Guerrero, a 1,800 msnm, contienen más terpenos que ascaridol, lo que podría explicar diferencias en la eficacia de los remedios tradicionales.
Ese rompecabezas químico sigue desconcertando a los investigadores: cada planta, cada cosecha, parece contar una historia molecular distinta. ¿Cómo afecta esto a quienes, aún hoy, dependen de la planta más que del frasco de pastillas?
Epazote entre receta y riesgo: toxicidad, dosis y advertencias
En el Hospital General de Toluca, el doctor Adalberto Mena ha atendido tres casos de intoxicación por epazote en adultos mayores solo en 2022. El síntoma clásico: náusea, sudor frío, mareo, a veces convulsiones leves. La causa, casi siempre, es el consumo de más de 10 gramos de hojas frescas o la ingestión directa del aceite esencial, que jamás se recomienda sin supervisión médica.
El umbral de toxicidad del ascaridol en humanos ronda los 0.5 mg por kilo de peso, pero la variabilidad entre individuos es enorme. En 1988, la Secretaría de Salud emitió una alerta: “El uso de aceite esencial de epazote debe evitarse en embarazadas y niños menores de cinco años”. Aun así, en muchos hogares de Puebla y Veracruz, se sigue usando la infusión —una ramita en un litro de agua, hervida por cinco minutos— para “limpiar el estómago” después de las primeras lluvias.
El sabor amargo, dicen en la Sierra Norte de Puebla, es señal de que ya está suficientemente cargado. Pero el error común es pensar que “más fuerte, más efectivo”. El Instituto Mexicano del Seguro Social calcula que, cada año, hay entre 12 y 20 ingresos hospitalarios por intoxicación con remedios caseros de epazote solo en la zona centro-sur.
En el aroma y el sabor, la frontera entre curar y dañar es tan tenue como una gota del aceite. ¿Cómo logran las cocineras y curanderas rurales medir la dosis sin herramientas científicas?
La ciencia del remedio: cómo preparar infusiones seguras en casa
Doña Remedios, partera de Santa María Tonantzintla, Puebla, hierve el epazote como aprendió de su abuela: ni muy fresco ni muy seco, ni de las plantas más viejas. Ella recomienda usar solo hojas jóvenes, de color verde intenso, recolectadas antes de las siete de la mañana, cuando el ascaridol alcanza su punto máximo.
- Selecciona entre 3 y 5 gramos de hojas frescas (aproximadamente un puñado), de plantas que no hayan florecido.
- Enjuaga bajo agua fría para quitar polvo y tierra. El olor se intensifica al frotar entre dedos.
- Pon a hervir 500 ml de agua (temperatura 95-100 °C) en olla de barro o acero. Agrega el epazote cuando comiencen las burbujas.
- Cubre y deja hervir 3 minutos. Apaga el fuego y reposa 10 minutos más, con tapa.
- Cuela y sirve tibio. El sabor debe ser fuerte pero no agresivo ni amargo.
La infusión se toma en ayunas, máximo por tres días consecutivos. Para niños mayores de seis años, la dosis baja a la mitad. Nunca debe combinarse con el aceite esencial puro, ni agregarse otras plantas sin saber su interacción.
En los tianguis de Atlixco y Tehuacán, los manojos de epazote cuestan entre 10 y 15 pesos el kilo en temporada de lluvias (mayo a agosto). La gente aprende a distinguir el bueno por el aroma: si al frotar no pica la nariz, la planta está vieja o débil.
La tradición dicta que, para mayor eficacia, la infusión debe prepararse al amanecer y beberse antes de cualquier alimento. Pero si el sabor se vuelve amargo, la dosis ya es peligrosa. ¿Qué otras formas de uso han sobrevivido fuera de la infusión y por qué?
De la olla al laboratorio: usos modernos y investigaciones recientes
El Laboratorio de Fitoterapia de la Universidad Autónoma de Querétaro está probando cápsulas estandarizadas de extracto de epazote, con concentración precisa de ascaridol y terpenos, en ensayos clínicos desde 2021. El objetivo: evitar los errores de dosificación de los remedios caseros pero conservar la eficacia antiparasitaria.
En 2022, el doctor Mario Ballesteros publicó en la revista 'Journal of Ethnopharmacology' que extractos acuosos de epazote, a dosis controladas, disminuyeron la carga de Giardia lamblia en ratones en un 87%, sin efectos adversos visibles. Sin embargo, replicar estos resultados en humanos requerirá años de pruebas y regulaciones estrictas.
La textura resinosa de las hojas secas, vendidas en botellas de vidrio en herbolarias de la CDMX, permite preparar extractos alcohólicos con menor riesgo de toxicidad. Pero la ciencia aún discute qué es más seguro: la planta entera, el extracto estandarizado o la vieja infusión de la abuela.
Al caminar entre los anaqueles del Herbolario Nacional (fundado en 1968) en Coyoacán, el olor inconfundible del epazote recuerda que la frontera entre remedio y veneno está a una nariz de distancia. ¿Y si lo que nos salva hoy, mañana resulta peligroso?
Epazote en la milpa: control biológico y repelente natural
En Cuetzalan, Puebla (1,050 msnm), don Mateo siembra hileras de epazote entre el maíz y el frijol, no solo por tradición sino para espantar plagas. La textura áspera de las hojas y el olor intenso parecen repeler a la Diabrotica virgifera, el temido gusano de la raíz, cuya infestación puede bajar el rendimiento del maíz hasta un 30% según reportes de la Universidad Autónoma Chapingo.
El epazote ofrece ventajas dobles: sus aceites esenciales protegen cultivos y, cuando la planta se entierra como abono verde, mejora la estructura y el olor del suelo. Agricultores de la región informan que, después de una temporada con epazote, el olor del terreno se vuelve más dulce y la textura menos arcillosa.
Para emplearlo como repelente, se recomienda sembrar una mata cada 1.5 metros en los bordes de la parcela, cosechando antes de la floración para evitar que se vuelva invasivo. El costo de semillas en viveros de Atlixco ronda los 20 pesos el sobre de 50 semillas.
- Evitar sembrar junto a plantas sensibles como calabaza, que pueden resentir el exceso de aceites volátiles.
- No dejar florecer más del 10% de la población, para controlar la dispersión y evitar que domine el espacio.
Así, el epazote navega entre la olla, el huerto y el laboratorio, sin perder su aroma ni su misterio. ¿El futuro será suyo, o lo relegarán los pesticidas y las cápsulas industriales?
El sabor del riesgo: una escena en el comedor y la pregunta pendiente
Es mediodía en San Andrés Calpan, Puebla, y una olla de frijoles burbujea sobre el fogón de leña. El olor a epazote flota en el aire, mezclado con humo y tierra mojada. Doña Josefina, con las manos aún manchadas de tierra, dice que el epazote nunca falta en la mesa, pero su madre ya no deja que los niños tomen la infusión solos. “Dicen que ahora hay pastillas buenas, pero ninguna huele como esto”, murmura.
Un grupo de niños corretea entre los surcos, arrancando hojas para jugar a las comiditas. El aroma se queda pegado a la piel, como un recordatorio de que la frontera entre remedio, veneno y sazón puede cruzarse con un sorbo. La pregunta queda suspendida: ¿cuántos secretos más guarda ese olor, entre la milpa y el microscopio?
Glosario
- Epazote (Dysphania ambrosioides)
- Planta aromática nativa de México, usada en cocina y medicina tradicional como antiparasitario.
- Ascaridol
- Compuesto activo principal del epazote, responsable de su olor y efecto contra parásitos intestinales.
- Infusión
- Bebida preparada al hervir partes de una planta en agua caliente, extrayendo compuestos solubles.
- Nematodo
- Gusano microscópico, muchos de los cuales son parásitos intestinales en humanos y animales.
- Terpenos
- Familia de compuestos aromáticos presentes en plantas, con efectos variados en salud y agricultura.
- Fitoterapia
- Uso de plantas y sus extractos para tratar enfermedades o mejorar la salud de manera tradicional o científica.
- Abono verde
- Práctica agrícola que consiste en enterrar plantas frescas para mejorar la fertilidad y estructura del suelo.