Bajo los sauces de Zimapán: una corteza amarga y las manos de don Irineo

En la ribera del río Moctezuma, a 1,700 metros sobre el nivel del mar, don Irineo Santamaría corta con su navaja la corteza pálida de un sauce blanco. Es mediodía en Zimapán, Hidalgo, y el calor se mezcla con el olor fresco y terroso del árbol. Don Irineo, campesino de 61 años, raspa el tronco, junta tiras largas, y mientras se limpia el sudor de la frente, cuenta que su abuelo le enseñó a masticar esa corteza para bajar la fiebre. El sabor es amargo, astringente, y deja la lengua áspera. Nadie aquí habla de moléculas ni de Bayer; el remedio se transmite con la tierra y el río.

La tradición se repite en muchas comunidades del Altiplano mexicano, desde Ixmiquilpan hasta Huichapan, donde el sauce crece cerca de manantiales y arroyos. No se trata sólo de una costumbre: la corteza fresca pesa alrededor de 50 gramos por rama, y una sola tira puede bastar para preparar un té fuerte, con ese tono dorado y aroma que recuerda a la manzanilla, pero más punzante. El gesto de don Irineo —arrancando la corteza y frotándola entre los dedos— es la escena que, siglos después, despertaría la curiosidad de boticarios y químicos europeos.

Pero, cuando los médicos del siglo XVIII llegaron a probar el extracto, ¿cómo lograron pasar de una infusión artesanal a un compuesto puro y replicable? La respuesta no está en un solo laboratorio, sino en una cadena de coincidencias, rutas comerciales y experimentos fallidos.

El rumor de una cura vegetal viajó más lejos de lo que cualquiera en Zimapán habría imaginado: a miles de kilómetros, en laboratorios húmedos y oscuros, alguien buscaba el secreto químico detrás de la corteza amarga.

El salto a Europa: farmacéuticos, fiebre y la búsqueda de salicilina

En 1828, en la pequeña ciudad de Munich, Johann Buchner —profesor de farmacia en la Universidad de Munich— logró aislar una sustancia cristalina a partir de 1.5 kilogramos de corteza de Salix alba. El laboratorio olía a solventes y a madera mojada. El polvo obtenido, apenas 30 gramos, era tan amargo que causaba una mueca automática al probarlo. Lo llamó salicilina, basándose en el nombre latino del sauce.

La noticia corrió entre los boticarios europeos: por fin, un principio activo podía explicar el efecto de las infusiones tradicionales. Entre 1830 y 1838, farmacéuticos como Henri Leroux en París perfeccionaron la técnica mediante extracción con etanol y precipitación. El proceso era laborioso: hervir la corteza, filtrar, evaporar, cristalizar. Una tanda de 1 kilogramo de materia prima apenas proporcionaba 20 gramos de salicilina pura, suficiente para unos cuantos ensayos médicos.

En la época, la fiebre era síntoma recurrente de enfermedades como la malaria y el reumatismo. Los hospitales de París y Berlín probaron el extracto en decenas de pacientes. El alivio llegaba tras 30 minutos de tomar la infusión, y los médicos registraban la reducción de la temperatura corporal —de 39°C a 37°C— como si fuera magia en polvo blanco.

Pero la salicilina tenía un defecto: muchos pacientes reportaban náuseas y un sabor insoportable. Los farmacéuticos sabían que el remedio tradicional funcionaba, pero necesitaban una versión estable, menos amarga y más eficiente. El siguiente paso requería no sólo química, sino ingenio industrial.

De la corteza al laboratorio: cómo se aísla la salicilina y se transforma en aspirina

El aislamiento de la salicilina en el siglo XIX exigía paciencia y material específico. Para extraer el principio activo, los boticarios trituraban la corteza seca en morteros de porcelana, la mezclaban con agua caliente a 80°C y la dejaban reposar durante 24 horas. El líquido se filtraba con papel especial —un invento reciente entonces— y se evaporaba en bandejas de vidrio, hasta que quedaban cristales amarillos y frágiles.

El olor del extracto era intenso, como resina fermentada. Después, los químicos añadían ácido para transformar la salicilina en ácido salicílico, un polvo más blanco y puro, pero aún más agresivo con el estómago. Hubo que esperar hasta 1897 para que Felix Hoffmann, en los laboratorios de Bayer en Wuppertal, Alemania, acetilara el ácido salicílico y produjera acetilsalicílico: la aspirina, esa pastilla que no irrita tanto y que se puede tragar sin hacer muecas.

Una tableta de 500 mg, hoy, condensa siglos de ensayo y error, de cortezas masticadas, extractos espesos, y laboratorios que olían a madera y almendras amargas. Pero el proceso casero aún puede replicarse en una cocina bien ventilada, con precaución y respeto al sauce.

Lo que los médicos rurales de Hidalgo sabían: dosis, especies y errores

En las comunidades de la Sierra de Hidalgo, como Tasquillo, se aprende desde niño a distinguir el sauce blanco del sauce llorón. Doña Cirila Sánchez, partera de 68 años, muestra las hojas opacas y la corteza con vetas grises, que raspa con una navaja filosa. El té que prepara tiene un aroma a campo recién llovido, pero, advierte, no hay que pasarse: una dosis excesiva —más de 10 gramos de corteza seca en un litro de agua— puede causar vómito y dolor de estómago.

En los tianguis de Ixmiquilpan, un puñado de corteza seca cuesta entre 20 y 30 pesos (2024). El polvo se vende suelto, envuelto en papel periódico, y algunos lo mezclan con anís para suavizar el sabor. El color ideal del té es ámbar claro; si se vuelve marrón oscuro, los alcaloides secundarios pueden causar molestias.

La práctica rural preserva detalles que la farmacología moderna suele descartar: el olor a savia fresca, la textura porosa al tacto, el sonido áspero cuando se raspa la corteza. Son señales que, más allá de las fórmulas químicas, guían a quienes siguen cosechando remedios con las manos y no con microscopios.

¿Por qué, entonces, la farmacéutica necesitó sintetizar lo que ya se sabía en los pueblos? La respuesta no está sólo en la eficacia, sino en la escala y el control de dosis —y, por supuesto, en la economía de la pastilla.

Ciencia del dolor: cómo actúa la salicilina en el cuerpo y por qué es diferente a la aspirina

En el laboratorio de Fisiología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), investigadores como la doctora María Elena Romero han medido el metabolismo de la salicilina en muestras de sangre humana. Cuando alguien bebe el té de sauce, la salicilina pasa al intestino y ahí se transforma en ácido salicílico, la molécula que bloquea la síntesis de prostaglandinas —sustancias responsables del dolor y la inflamación. El efecto es más lento que el de la aspirina, pero dura más tiempo en sangre: hasta 8 horas, según Romero (2016).

El ácido acetilsalicílico, la aspirina industrial, es más rápido porque se absorbe en el estómago y actúa directo en la sangre. Pero la diferencia clave está en los efectos secundarios: mientras la aspirina puede causar sangrado gástrico en dosis altas (más de 3 gramos al día), la salicilina del sauce rara vez produce hemorragias, aunque sí puede causar náuseas si se excede la dosis.

La textura de la corteza, su olor y sabor, no son sólo características sensoriales: son pistas químicas de la presencia y concentración de salicilina. En análisis cromatográficos de la UNAM, se han medido hasta 1.8 mg de salicilina por gramo de corteza seca en especies recolectadas cerca de Tula.

El dilema entre remedio natural y pastilla industrial sigue vigente. Pero el cuerpo humano reacciona de maneras sutiles a moléculas que, hasta hace poco, sólo se encontraban tallando la corteza de un árbol.

Hazlo tú mismo: preparar extracto de corteza de sauce para fiebre y dolor

Para quienes quieran experimentar el remedio tradicional, aquí una guía basada en la práctica de don Irineo y en protocolos publicados por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (2022):

  1. Consigue corteza fresca de Salix alba o Salix humboldtiana. Lo recomendable es usar ramas jóvenes (menos de 3 cm de grosor), cortadas en primavera.
  2. Raspa la corteza hasta juntar 10 g (unos 4 puñados).
  3. Hierve 1 litro de agua y retírala del fuego. Añade la corteza y deja infusionar tapado durante 30 minutos.
  4. Cuela y sirve. El color debe ser ámbar claro y el olor, intenso pero floral.
  5. Dosis recomendada: 1 taza (200 ml) cada 8 horas, por no más de 3 días.

Errores comunes:

En viveros como el de Tulancingo y tianguis de Pachuca (zona de plantas medicinales), la corteza seca se encuentra entre 20 y 35 pesos por 50 gramos. Si se prefiere cultivar, el sauce necesita suelo húmedo, sol parcial y riego constante.

Quien pruebe este remedio no hallará el sabor de la aspirina de farmacia, pero sí el eco de cientos de años de experimentación rural.

La corteza, el río y el botiquín: memoria viva en Zimapán

Cuando cae la tarde y el viento baja desde el cerro de la Encantada, don Irineo se sienta en la banca de madera junto al río. El aroma a corteza fresca flota en el aire mientras hierve agua en una olla de barro. El sonido del hervor, el chasquido de la leña y el color dorado del líquido —ese mismo que probó su abuelo— siguen marcando el ritmo de los días, lejos de laboratorios y patentes.

En Zimapán, la corteza no es reliquia ni curiosidad de farmacia: es remedio de diario, memoria compartida, y testimonio de una ciencia que empezó antes de los tubos de ensayo y las pastillas blancas. A veces, la medicina más avanzada es la que cabe en la palma, recién arrancada de un árbol.

¿Cuántos remedios quedan aún por descubrir en la textura amarga de una corteza, o en la sombra de un sauce junto al río?

Glosario

Salicilina
Glucósido amargo presente en la corteza de sauces, precursor natural del ácido salicílico y base de la aspirina.
Ácido salicílico
Compuesto químico derivado de la salicilina, responsable del efecto analgésico y antiinflamatorio en el cuerpo.
Ácido acetilsalicílico
Nombre químico de la aspirina, producto de la acetilación del ácido salicílico para reducir irritación gástrica.
Salix alba
Especie de sauce blanco originaria de Europa y Asia, principal fuente usada históricamente para extraer salicilina.
Infusión
Preparado líquido obtenido al sumergir materia vegetal en agua caliente para extraer compuestos activos.
Prostaglandinas
Sustancias producidas en el cuerpo que provocan dolor, fiebre e inflamación; su síntesis es bloqueada por la salicilina.
Tianguis
Mercado tradicional mexicano donde se venden productos frescos, plantas medicinales y remedios naturales.