Amanecer en Piedra Grande: los primeros pasos sobre el hielo que se va
La linterna de cabeza de don Hilario apenas raspa la oscuridad, pero él ya avanza sobre la grava helada a 4,260 metros de altura, en el refugio Piedra Grande. Cada paso cruje: el suelo, una mezcla de ceniza volcánica y hielo viejo, se siente húmedo, pegajoso. El aire huele a azufre y le corta la garganta. Son las 5:17 de la mañana en el flanco norte del Pico de Orizaba, frontera natural entre Puebla y Veracruz, y el Citlaltépetl—el coloso de 5,636 metros—sigue dormido bajo una manta de nubes anaranjadas. Don Hilario, montañista y campesino de Tlachichuca, lleva veintidós años subiendo y bajando por este glaciar. Pero desde hace una década, la ruta ha cambiado: donde antes plantaba el piolet en hielo puro, ahora encuentra rocas calientes y aristas de arena volcánica que crujen bajo sus botas. El glaciar Jamapa, el más grande y antiguo de México, se le está escurriendo entre los dedos.
El Citlaltépetl, cuyo nombre en náhuatl significa “cerro de la estrella”, alberga el último glaciar verdaderamente activo del país. Según registros del Instituto de Geofísica de la UNAM, en 1958 el Jamapa cubría 9.5 kilómetros cuadrados. Hoy, los satélites del Landsat y estudios de campo como el de Hugo Delgado Granados (2015) estiman que apenas sobreviven 0.6 kilómetros cuadrados. El silencio aquí arriba es engañoso: cada gota que escurre, cada piedra suelta, cuenta una historia de pérdida.
Pero la pregunta que quema en la garganta —y que a don Hilario le da vueltas cada vez que asciende— es: ¿qué tan rápido puede desaparecer un glaciar? Y, cuando se vaya, ¿qué quedará?
El glaciar Jamapa: anatomía de un sobreviviente en retroceso
Vista desde el aire, la lengua blanca del Jamapa parece una cicatriz sobre la roca negra del Orizaba. Pero esa cicatriz se ha encogido: el Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT), con datos de 2022, reporta que el espesor promedio del hielo ha bajado de 50 metros en los años sesenta a menos de 15 metros en la actualidad. Bajo el sol de marzo, el brillo del glaciar se apaga con rapidez y brotan vetas de ceniza y lodo oscuro.
El glaciar Jamapa no es solo una plancha de hielo. Es un sistema vivo donde el agua se solidifica y derrite en ciclos frenéticos. La superficie, rugosa y fría al tacto, se endurece por la noche y se reblandece con los primeros rayos del sol. La temperatura aquí puede caer a -8°C en invierno, pero en las horas de mayor radiación sube a 12°C, un rango brutal para organismos y minerales.
En las grietas del hielo, investigadores como Hugo Delgado han instalado sensores de temperatura y humedad. En los veranos recientes, estas sondas han registrado flujos de agua por debajo del glaciar, arrastrando partículas de azufre y sílice a más de 4,700 metros de altura. El agua que baja por estos canales alimenta los arroyos que descienden a las comunidades de Atzitzintla y Coscomatepec, aunque cada año fluye menos.
Si el glaciar es un corazón palpitante, ¿cuánto le queda antes de quedarse en silencio total?
El deshielo y sus huellas: marcas en la roca y el agua
El retiro del hielo no se nota solo en la cumbre. En los alrededores de Hidalgo, Puebla y Veracruz, los ejidatarios han visto cómo los arroyos se adelgazan. En el pueblo de Miguel Hidalgo (Veracruz), a 2,600 metros sobre el nivel del mar, don Aurelio —apicultor que cosecha miel desde 1989— recuerda cuando el arroyo Jamapa sonaba como una cascada al romper el mediodía. Ahora, apenas se escucha un murmullo. El agua llega templada, lleva sedimentos y su caudal se reduce cada ciclo seco.
La erosión avanza: los morrenas —cordones de piedras que marcan el límite antiguo del glaciar— están expuestas como costillas secas. Geólogos del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM han medido cómo, en solo 14 años (2007-2021), la línea de nieve permanente subió 120 metros verticales en el Citlaltépetl. El contraste visual es brutal: donde antes la nieve tapizaba las laderas hasta los 4,600 metros, hoy apenas cubre el cráter.
Pero el deshielo no solo dibuja paisajes nuevos: también cambia la química del agua. Medidas del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, publicadas en 2019, muestran un aumento del 30% en la concentración de sólidos disueltos —principalmente sílice y azufre— en los riachuelos que nacen del glaciar. El sabor del agua, antes fresca y casi dulce, ahora deja un regusto metálico en la lengua.
¿Cómo afecta esto a los habitantes aguas abajo, dependientes de cada litro que baja del volcán?
Relámpagos, ceniza y rayos UV: los tres enemigos invisibles del glaciar
La desaparición del hielo no solo obedece al cambio climático global. En el Citlaltépetl, tres enemigos locales aceleran el retroceso. Primero, las tormentas eléctricas. En mayo de 2012, sensores del Instituto de Geofísica midieron más de 100 descargas eléctricas en una sola noche sobre la cumbre. Cada rayo calienta repentinamente el hielo, fracturándolo y abriendo grietas que el sol aprovecha para fundir aún más rápido.
Segundo, la ceniza volcánica. Aunque el Pico lleva más de 170 años sin una gran erupción (la última fue en 1846, según el Servicio Sismológico Nacional), expulsa gases y polvo fino que caen sobre el glaciar. Esta ceniza oscurece la superficie, disminuye el albedo (la capacidad de reflejar luz) y permite que el hielo absorba más calor. Un estudio del Cinvestav de 2018 encontró que una capa de medio milímetro de ceniza puede acelerar el derretimiento en un 20%.
Tercero, la radiación ultravioleta. Por cada 1,000 metros que se asciende, la intensidad UV aumenta un 10%. A 5,000 metros, el glaciar del Orizaba recibe más radiación que cualquier otro punto habitado de México. El hielo se vuelve poroso y blando por la exposición, y las células de bacterias y líquenes mueren o mutan, alterando todo el ecosistema del glaciar.
¿Puede el hielo sobrevivir a estos enemigos cuando ni siquiera los humanos que suben pueden quedarse mucho tiempo sin quemarse la piel?
La ciencia al límite: cómo se mide y protege el último glaciar de México
En el campamento base, a 4,200 metros, un grupo de estudiantes de la Universidad Veracruzana calibran un radar de penetración terrestre. El aparato —del tamaño de una mochila escolar— emite pulsos que atraviesan el hielo y devuelven mapas en falso color del grosor y profundidad. Desde 2017, este método, descrito por el doctor Hugo Delgado de la UNAM, permite calcular con precisión milimétrica la pérdida de volumen año con año.
Además del radar, se usan drones equipados con cámaras térmicas y GPS diferencial para cartografiar los bordes del glaciar. En febrero de 2021, el equipo del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra logró medir un retroceso de 14 metros lineales en la lengua del Jamapa en solo doce meses. El olor a plástico caliente de los drones contrasta con el aire frío y seco del glaciar.
- Radar de penetración terrestre (GPR): mide hasta 40 metros de profundidad.
- Drones con GPS diferencial: margen de error menor a 2 centímetros.
- Sensores de humedad y temperatura: colocados cada 500 metros.
Pero medir no equivale a salvar: ¿qué prácticas pueden reducir el daño, si es que alguna funciona?
¿Se puede retrasar el deshielo? Prácticas y experimentos aplicables en campo
La ciencia ha intentado varias estrategias para proteger glaciares en el mundo, y algunas se prueban —a pequeña escala— en el Pico de Orizaba. El proyecto Glaciares de México, dirigido por la Universidad Autónoma de Puebla, experimentó en 2019 con cobertores reflectantes de polipropileno. Estas mantas, de 15 metros cuadrados, se colocaron sobre zonas críticas en el Jamapa durante el verano, reduciendo localmente el derretimiento en un 18%.
Materiales y pasos concretos si quieres replicar un experimento similar a escala pequeña:
- Consigue mantas aluminizadas (tipo "Mylar" o polipropileno) de al menos 3x5 metros. Se venden en tiendas de montaña o ferreterías especializadas (precio aproximado: $350-500 MXN por pieza).
- Ubica zonas que reciben mayor insolación (orientación sur/suroeste) y extiende el cobertor sobre el hielo limpio, anclándolo con piedras grandes (mínimo 10 kg cada una) para resistir el viento.
- Coloca sensores de temperatura bajo la manta y a 1 metro de distancia, para comparar el efecto. Un termómetro digital simple cuesta desde $150 MXN en tiendas de electrónica.
- Revisa cada semana y retira el cobertor si hay tormenta fuerte (puede volarse o rasgarse).
Errores comunes que se deben evitar:
- No cubrir zonas con ceniza — la manta funciona solo sobre hielo limpio.
- No usar plásticos finos: se rompen y contaminan el entorno.
- No dejar los cobertores durante el invierno, cuando la radiación es menor.
El resultado es modesto, pero demuestra que acciones locales pueden, al menos, retrasar el daño directo del sol sobre el glaciar.
Las otras vidas del Pico: flora, fauna y rituales en peligro
Cuando el hielo retrocede, no solo cambia el paisaje: también la vida que lo rodea. En las laderas del Citlaltépetl, a 3,800 metros, crecen plantas como el zacatonal de Festuca tolucensis y el oyamel (Abies religiosa), que resiste heladas de hasta -10°C. Cada primavera, pastores de la comunidad nahua de Atzitzintla suben con rebaños de borregos; el olor a lana mojada y pasto pisoteado se mezcla con la brisa fría.
Biólogos del Instituto de Ecología de Xalapa han documentado más de 220 especies de plantas y 40 de aves en la zona, incluidas la cotorra serrana (Rhynchopsitta pachyrhyncha) y el colibrí garganta azul (Lampornis clemenciae). Muchas dependen de los escurrimientos de agua glaciar para alimentar charcas y humedales temporales.
La desaparición del hielo afecta también a las personas: cada 2 de mayo, habitantes de La Perla y Coscomatepec suben a dejar ofrendas — velas, flores amarillas y copal — en las faldas del volcán, pidiendo lluvias y buenas cosechas. Sin el brillo de la nieve, los rituales pierden parte de su sentido: el "cerro de la estrella" ya no refleja la luz nocturna como antes.
¿Qué imágenes nuevas quedarán cuando el glaciar desaparezca y la vida tenga que adaptarse a otra altitud, otro clima, otro color?
Un futuro sin hielo: lo que verá la siguiente generación desde Tlachichuca
La tarde despejada en Tlachichuca huele a pan recién hecho y a madera quemada. Desde la plaza principal, los niños miran el Pico de Orizaba y discuten si la cima está nevada o no. La mayoría, nacidos después de 2010, han visto la cumbre sin nieve más veces de las que pueden contar. Érika Hernández, profesora de primaria, guarda una foto de 1997 donde la montaña aparece cubierta de blanco hasta las faldas. “Ahora, solo en enero y cuesta trabajo que los niños crean que alguna vez hubo hielo todo el año”, cuenta.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía reporta que Tlachichuca ha crecido: de 10,269 habitantes en el año 2000 a más de 13,500 en 2020. Cada familia consume, en promedio, 110 litros de agua diarios, casi toda proveniente de escurrimientos del volcán. Si el glaciar desaparece por completo —como predicen modelos de la UNAM para antes de 2030— los pozos tendrán que profundizarse y el agua será más turbia, más costosa.
Para los guías de montaña, la ruta cambiará: menos hielo, más roca suelta, más accidentes. Para los agricultores, el clima será más seco, la temporada de siembra más incierta. Para los rituales, habrá que inventar nuevas formas de pedir agua cuando el "cerro de la estrella" ya no brille igual.
¿Quién contará la historia del glaciar cuando solo queden las piedras y los nombres?
Glosario
- Glaciar
- Masa de hielo de varios años que fluye lentamente sobre la tierra, formada por acumulación y compactación de nieve.
- Morrena
- Acumulación de rocas y sedimentos transportados y depositados por un glaciar en retroceso.
- Albedo
- Porcentaje de radiación solar reflejada por una superficie; el hielo tiene alto albedo, la ceniza lo reduce.
- Radar de penetración terrestre (GPR)
- Instrumento geofísico que usa ondas de radio para medir el grosor y la estructura del hielo o suelo.
- Ceniza volcánica
- Pequeñas partículas de roca y vidrio expulsadas por un volcán, que pueden afectar el clima y el derretimiento de hielo.
- Radiación ultravioleta (UV)
- Energía solar de longitud de onda corta que puede dañar células vivas y acelerar el derretimiento de hielo.
- Festuca tolucensis
- Especie de zacate nativo de las zonas altas mexicanas, resistente al frío extremo.