Bajo el agua quieta: don Erasto y el pulso de Xochimilco

Don Erasto, pescador de San Gregorio Atlapulco, hinca el remo en el lodo espeso a las 7:10 de la mañana. La chinampa tiembla bajo sus pies: 2,242 metros sobre el nivel del mar, niebla baja, olor a lirio podrido. Mete la mano en el agua — fría, turbia, 14 grados — y siente una lombriz suave que se escurre entre los dedos. No es pez ni rana, sino un Ambystoma mexicanum: ajolote. Dos branquias rosadas vibran como abanicos. A unos metros, una red atascada de lirio pesa ocho kilos, casi tanto como un niño de primaria.

En 1998, el Instituto de Biología de la UNAM calculó poco más de 6,000 ajolotes por kilómetro cuadrado en los canales viejos. Para 2014, menos de 36. Don Erasto nunca aprendió las cifras, pero sus dedos notan el declive: antes, cuatro ajolotes en una mañana; ahora, apenas uno por semana si el barro lo deja.

El aire huele a humedad y maíz cocido de la lancha vecina. A veces, entre las raíces del tule, escucha un chasquido breve: los ajolotes cazan larvas a mordisquitos, apenas un chapoteo. El silencio es su firma, y ahí empieza el misterio de cómo siguen vivos en un entorno que casi se olvida de ellos.

Pero lo que don Erasto no ve bajo la superficie, en las células invisibles, es donde ocurre la verdadera hazaña del ajolote: la capacidad de regenerarse, incluso cuando la ciudad olvida que sigue ahí.

La biología imposible: regeneración en cifras y nombres

En los laboratorios de la UNAM y el Instituto Karolinska, en Suecia, los científicos han medido tiempos y distancias imposibles. Un ajolote adulto puede perder la cola —cerca de 12 centímetros de tejido— y en menos de seis semanas la habrá recuperado, completa, con músculos y nervios nuevos. El doctor Luis Zambrano, de la UNAM, cuenta que en experimentos controlados a 18 °C, la extremidad cortada comienza a brotar con una capa translúcida al tercer día; a la segunda semana ya hay cartílago y a la octava, movimiento funcional.

El secreto, dicen los investigadores, está en las células denominadas blastemas. Al perder una pata, el ajolote produce una masa celular desorganizada que en cuestión de días se ordena para generar hueso, músculo y piel como si el animal rebobinara su desarrollo embrionario.

El olor en los laboratorios es mezcla de agua destilada, alimento para peces y leve amoníaco. Nada recuerda a hospital, pero ahí se estudia lo que hospitales humanos apenas sueñan: la regeneración total.

¿Cómo puede un animal tan frágil tener una ingeniería celular tan improbable?

La frontera médica: promesas reales y límites de la ciencia

En la Facultad de Medicina de la UNAM, la doctora Geraldine Durán repite un dato que suena a ciencia ficción: “No hay modelo vivo más eficiente para estudiar regeneración de tejidos que el Ambystoma mexicanum.” Un brazo de ratón nunca vuelve a crecer; el del ajolote, sí. En las placas de Petri, un trozo de piel se reconstruye en días, sin cicatriz.

En 2022, la revista Nature Communications publicó que proteínas conocidas como factores de crecimiento FGFs, y una molécula llamada neuregulina-1, orquestan el renacimiento de tejidos en ajolotes. La UNAM lleva años trabajando con líneas celulares para identificar qué genes exactamente activan la regeneración.

Pero la promesa tiene fronteras. A temperaturas arriba de 20 °C, la regeneración se ralentiza, y si el animal está estresado —por ruido, falta de alimento o agua sucia—, el proceso se interrumpe: la herida se infecta y el ajolote puede morir en menos de una semana.

Las pruebas para trasplantar estas capacidades a humanos apenas inician. Las células madre humanas no responden igual a los mismos factores, y las diferencias genéticas son abismales. Pero cada año, cinco laboratorios nuevos en México, España y Japón se suman a la investigación.

Mientras tanto, el animal original desaparece más rápido de lo que la ciencia puede aprender de él.

El ajolote en casa: guía práctica para criar y cuidar un regenerador

Cada mes, en el Mercado de Sonora y en pequeños criaderos de Xochimilco, decenas de ajolotes cambian de manos por 350 a 700 pesos mexicanos. Pero el animal exige algo más que pecera y alimento. Para mantener a un Ambystoma mexicanum sano, hacen falta: un acuario de al menos 100 litros, filtro de flujo suave, grava gruesa (nunca arena fina, que puede ser mortal si es ingerida), refugios oscuros y temperaturas constantes entre 16 y 18 °C.

  1. El agua debe ser declorada —un litro de agua de la llave contiene hasta 1.2 mg de cloro en la CDMX—, y renovarse un 25% cada semana.
  2. La dieta ideal: lombriz roja californiana (Eisenia fetida), pellets de trucha y, ocasionalmente, pequeños trozos de pescado blanco.
  3. No mezclar ajolotes con peces ornamentales: los peces suelen morder las branquias expuestas y pueden transmitir parásitos.

La luz debe ser tenue, imitando el fondo de los canales de Xochimilco. El olor en el tanque bien cuidado nunca debe ser fétido: un leve aroma a tierra húmeda es señal de equilibrio.

Errores comunes que matan al ajolote:

Quien cuide a un ajolote en casa se convierte, más que en dueño, en guardián de una anomalía biológica. Pero criar uno en pecera no es igual a conservar la especie original de los canales.

Xochimilco y la extinción: números, causas y resistencias

En 2006, el Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM registró apenas 1,200 ajolotes silvestres en todo Xochimilco. Para 2019, los censos arrojan menos de 50 ejemplares adultos en libertad. Las causas: introducción de tilapia africana (Oreochromis niloticus), carpa común, contaminación de aguas residuales, colapso de las chinampas y tráfico ilegal.

El lodo de los canales ya no huele solo a raíces: a veces, un tufo metálico del drenaje de la Alcaldía Xochimilco enturbia el agua. Las noches se tiñen de naranja por el reflejo de faroles y neón, donde antes sólo había oscuridad y el grito lejano de un gallo.

En la Reserva Ecológica Chinampera de San Gregorio, el biólogo Armando Tovar se arrodilla junto a un canal de apenas 60 centímetros de profundidad y señala un huevo gelatinoso: “Cada hembra pone hasta 1,000 huevos, pero menos del 1% llega a adulto”, explica.

Las asociaciones como Axolotl Conservation y Colectivo Ajolotario luchan por restaurar tramos enteros de canales con reintroducción de plantas nativas y captura de especies invasoras. Pero el futuro del ajolote depende no solo del activismo, sino de la política hidráulica de la CDMX, la presión inmobiliaria y el valor simbólico que la ciudad quiera darle a su animal insignia.

¿Volverán algún día los canales a respirar con el pulso de miles de ajolotes como en los años setenta, cuando el lodo se movía al simple roce de una rama?

Regenerar en laboratorio: ¿cómo se estudia el milagro?

En el Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, los tanques burbujean a 17 °C exactos. El doctor Luis Espinasa describe el proceso: se anestesia al ajolote con tricaína, una sustancia blanca de olor amargo, y se realiza el corte bajo lupa estereoscópica. La herida se cubre con una gasa estéril, y el animal se regresa al agua limpia.

El avance se mide en milímetros y semanas: una pata entera puede tardar hasta 60 días en adultos, menos en juveniles.

Pero el verdadero asombro viene cuando se observan regeneraciones múltiples: algunos estudios documentan ajolotes que volvieron a regenerar la misma extremidad hasta cinco veces seguidas sin perder eficiencia, algo nunca antes visto en vertebrados terrestres.

¿Cuánto tiempo quedará para aprender del ajolote antes de que el lodo tape el último ejemplar silvestre?

Un futuro por inventar: niños, chinampas y el rumor del agua

En la Escuela Primaria Xochipilli, a unos metros del canal Zacapa, diez niños con botas embarradas cargan cubetas de ajolotes de plástico y plantas de tule en una siembra simbólica. El agua les moja los tobillos; el barro huele a raíz fresca y a esperanza tibia. Una niña, Valeria, dice en voz baja: “Quiero ver un ajolote vivo, no solo en dibujos.”

El Colectivo Ajolotario organiza talleres mensuales desde 2016: 25 pesos la entrada, todo en la chinampa de doña Amanda. Enseñan a plantar ahuejotes, construir refugios de piedra y filtrar el agua sin químicos. Cada taller termina con la suelta de ajolotes criados en cautiverio: el agua se enturbia por unos segundos y después, silencio.

La última vez que un maestro de la escuela vio un ajolote adulto nadar libre fue en 2017. Desde entonces, los cuentos sustituyen al animal real. En la memoria de los niños, el ajolote parece más leyenda que bicho tangible, pero la chinampa guarda su sombra.

¿Cuánto tiempo hace falta para que el rumor del ajolote vuelva a ser cotidiano en Xochimilco — y no solo un susurro de laboratorio?

Glosario

Ambystoma mexicanum
Nombre científico del ajolote de Xochimilco, un anfibio endémico de México conocido por su capacidad regenerativa.
Blastema
Acúmulo de células indiferenciadas que aparece en el sitio de una herida y propicia la regeneración de tejidos perdidos.
Chinampa
Sistema agrícola artificial tradicional de Xochimilco y Tláhuac, basado en islas flotantes hechas de lodo y vegetación.
Neuregulina-1
Proteína señalizadora clave en procesos de regeneración celular, involucrada especialmente en la recuperación de tejido nervioso en ajolotes.
Lombriz roja californiana (Eisenia fetida)
Invertebrado usado como alimento vivo para ajolotes en cautiverio, rico en proteínas y fácil de cultivar.
Tricaína
Anestésico utilizado en experimentos con anfibios para realizar cortes u operaciones sin dolor.
Tilapia africana (Oreochromis niloticus)
Pez invasor en Xochimilco, que compite por alimento y depreda huevos y larvas de ajolote, acelerando su declive.