En la costa de Oaxaca, un pulpo se agita en sueños

Antes del amanecer, la marea baja deja charcos entre las piedras de Mazunte, Oaxaca. Benito, pescador curtido, observa un pulpo (Octopus maya) en una poza. El animal permanece quieto, pero de pronto, su piel se estremece: manchas marrón oscuro recorren su cuerpo como si la luz cambiara de dirección bajo el agua. El pulpo no huye ni reacciona; sus brazos apenas se pliegan. Benito dice que es como si estuviera soñando. El olor a salmuera y la textura rugosa del pulpo, con ventosas que se desprenden lentamente de la roca, anclan la escena. Lo que ocurre en ese instante empieza a cambiar lo que la ciencia creía de los sueños y los cerebros animales.

En los arrecifes rocosos de la Costa Chica yacen decenas de cuevas donde los pulpos buscan refugio durante el día. Sus cuerpos blandos se adaptan a grietas, y sus ojos —grandes, de pupila horizontal— parecen vigilar desde la penumbra. Pero de noche y, especialmente, cuando el mundo se queda en silencio, ocurre algo casi invisible: el pulpo duerme, y a veces, su piel y su respiración lo delatan. Alguien podría jurar que sueña.

El sonido del mar ahoga cualquier otro ruido, pero si uno se acerca lo suficiente, puede escuchar el leve chasquido de las ventosas soltando la piedra. En la penumbra de la madrugada, los ritmos internos de estos animales se vuelven el centro de una revolución silenciosa: la posibilidad de que un invertebrado experimente algo parecido al sueño REM.

¿Pero un pulpo realmente puede soñar? La pregunta parece absurda en una tierra donde el sueño era, hasta hace poco, asunto exclusivo de los mamíferos y las aves. Sin embargo, algo en esa piel agitada, en esa respiración alterada, obliga a mirar de nuevo.

El cerebro más extraño del Pacífico mexicano

En el Parque Nacional Lagunas de Chacahua, Oaxaca, los biólogos han pasado noches rastreando a Octopus maya y Octopus vulgaris entre manglares salobres y formaciones rocosas. Allí, el agua salada deja una película pegajosa sobre los brazos de los pulpos, cubiertos de una piel densamente poblada por cromatóforos —células que expanden y contraen pigmentos en segundos.

El cuerpo del pulpo parece diseñado para el camuflaje: su piel puede adoptar tonos rojos, amarillos y marrón oscuro en cuestión de segundos, y la textura se alza en picos o se aplana hasta quedar lisa como papel mojado. Lo que poca gente sospecha es que esa piel reactiva está conectada a un sistema nervioso que, en proporción al cuerpo, es uno de los más grandes entre los invertebrados.

El pulpo tiene una estructura cerebral distribuida: dos tercios de sus neuronas no están en el cerebro central, sino a lo largo de sus ocho brazos, como si cada tentáculo pensara por su cuenta. Pero arriba de la boca, entre los ojos, una masa compacta de ganglios orquesta el movimiento, el color y, como hoy se sospecha, los sueños.

¿Cómo puede un animal sin huesos ni columna vertebral mostrar comportamientos tan complejos? La respuesta, en parte, está en la sorprendente plasticidad de su cerebro, y en la manera en que su piel traduce impulsos eléctricos en espectáculo visual.

Color y sonido: el lenguaje secreto del sueño pulpo

En los arrecifes de Yucatán, bajo la luz azulada que se cuela desde la superficie, un pulpo dormido puede cambiar de color sin que nadie lo toque. Las manchas oscilan en patrones: desde puntos que se expanden como café derramado sobre servilleta, hasta líneas que brillan y se apagan. Estos cambios, que duran de segundos a minutos, coinciden con periodos de respiración acelerada y movimientos oculares rápidos —semejantes al sueño REM en humanos.

El sonido también está presente: investigadores han detectado leves pulsos, casi inaudibles, cuando los pulpos cambian de estado durante el sueño. La piel de los pulpos no solo refleja luz, sino que, en contacto con el agua, genera pequeñas vibraciones. Si uno presiona suavemente el caparazón de una concha cercana, puede sentir el eco de esas ondas.

En el laboratorio, sensores eléctricos registran descargas cerebrales acompasadas con los cambios de color. Lo notable es que estas actividades no ocurren durante la vigilia ni en el sueño profundo, sino en una fase intermedia, donde el cuerpo está inmóvil pero la mente parece activa. Los biólogos llaman a este fenómeno “REM-like”, por su parecido con el Rapid Eye Movement de los mamíferos.

Pero aquí aparece el primer enigma: si los pulpos pueden soñar, ¿con qué sueñan? Y, más intrigante aún, ¿para qué sirve ese teatro nocturno de piel y electricidad?

La piel que piensa: cromatóforos, memoria y emoción

Bajo la superficie turbia de una poza intermareal en la bahía de San Agustinillo, la piel del pulpo se comporta como un lienzo: manchas que se encienden, líneas que se apagan, colores que mutan de un segundo a otro. Cada cromatóforo se expande o contrae bajo el control de diminutos músculos, respondiendo a impulsos eléctricos originados en el cerebro del animal.

Los cromatóforos no solo sirven para el camuflaje ante depredadores como el pez merodeador (Balistes vetula), sino que, durante el sueño, parecen expresar algo distinto. Algunos científicos especulan que los patrones espontáneos reflejan memorias recientes o emociones —si es que en un pulpo existen emociones análogas a las humanas.

El pulpo, con su sistema nervioso distribuido, puede activar cromatóforos de manera localizada, como si cada brazo tuviera recuerdos propios. Los estudios de comportamiento sugieren que patrones complejos, como una mancha blanca que cruza el manto, evocan episodios vinculados a huida, caza o apareamiento.

Imagina un pulpo que durante el día escapa de una morena: esa noche, su piel repite el patrón de fuga mientras duerme, aunque a su alrededor solo reine el silencio y la temperatura del agua ronde los 27 grados.

¿Sueñan los invertebrados? Lo que la ciencia empieza a escuchar

En el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, en la Ciudad de México (2,240 msnm), los tanques de agua salada albergan pulpos que duermen bajo luz tenue. Los investigadores observan cómo, al entrar en la fase REM-like, los cuerpos de los pulpos se contraen y su piel se enciende en patrones caóticos. Los registros eléctricos muestran picos de actividad cerebral, distintos a los del reposo normal.

Lo fascinante es que este tipo de sueño, con fases activas alternando con profundas, antes se consideraba exclusivo de aves y mamíferos. Aquí, un molusco lo despliega con toda su teatralidad. El laboratorio huele a yodo y está saturado del rumor de filtros burbujeando, pero los verdaderos ritmos se esconden en el interior de los animales.

El hecho de que el pulpo exhiba dos fases de sueño —una de reposo y otra de intensa actividad neural— desafía la idea de que el sueño complejo surgió solo en vertebrados avanzados. Si el REM-like ocurre en animales tan lejanos evolutivamente, la pregunta sobre el origen de los sueños se vuelve más profunda.

Pero aquí surge otra pregunta: ¿es este sueño una simple descarga, o implica una forma de mundo interno? La respuesta sigue flotando, como tinta en el agua, sin forma definida.

El misterio de los sonidos submarinos

Bajo la superficie del Pacífico oaxaqueño, el agua transmite sonidos de baja frecuencia: chasquidos, burbujeos y el susurro de las algas al moverse con la corriente. Pero entre estos ruidos naturales, los cambios en la piel del pulpo también dejan huella acústica. Científicos han colocado hidrófonos en cuevas de arrecife y detectado vibraciones ligadas a los movimientos bruscos durante el sueño REM-like.

El sonido que produce un pulpo dormido no es como el canto de una ballena ni el golpeteo de un crustáceo. Se trata de pulsos breves, casi imperceptibles, que se sincronizan con las contracciones musculares y los cambios de color. En noches tranquilas, estos sonidos se confunden con el golpeteo lejano de las olas.

Para distinguir los patrones, los investigadores aíslan los tanques en laboratorios de Xcaret, Quintana Roo, donde las paredes húmedas absorben el eco y los sensores detectan microvibraciones. Allí, el aire huele a salitre y la humedad pega en la piel, haciendo que hasta el zumbido de los fluorescentes se escuche distinto.

¿Son estos sonidos una forma de comunicación involuntaria? ¿Un subproducto del sueño o un mensaje inadvertido? Lo cierto es que el misterio apenas empieza a desdoblarse.

Cómo se estudia el sueño en pulpos: técnicas y retos reales

Estudiar el sueño en pulpos no es tarea sencilla. En los laboratorios de Mérida, Yucatán, los acuarios deben mantener agua a temperaturas estables (entre 24 y 28 °C) y salinidad controlada para que los pulpos estén sanos. Los animales se aíslan en tanques individuales con cuevas de roca artificial y refugios de cerámica, imitando las grietas de los arrecifes locales.

Para registrar la actividad cerebral, se colocan pequeños electrodos en la cabeza del pulpo, sobre el cartílago que protege el cerebro. Es un procedimiento delicado: la piel es delgada y extremadamente sensible, por lo que se requiere anestesia suave y mucha paciencia. Los electrodos captan señales eléctricas mientras cámaras infrarrojas graban los cambios de color durante la noche.

La recolección de sonidos submarinos se hace con hidrófonos, que se sumergen tanto en acuarios como en pozas naturales. El reto es distinguir el ruido ambiental —motores lejanos, olas, chirridos de camarones— de los pulsos propios del pulpo. En manglares de la Reserva de la Biósfera Sian Ka'an, Quintana Roo, la tarea se complica por la densidad de vida acuática y el rumor constante del agua.

Una vez obtenidos los datos, los patrones eléctricos y acústicos se comparan con el comportamiento visual: respiración acelerada, cambios en la textura de la piel, movimientos de los ojos. Solo así se reconstruye el ciclo de sueño del animal, un proceso minucioso y cargado de incertidumbre.

Puedes observar el sueño de un pulpo en casa

Si tienes acceso a un acuario marino con condiciones adecuadas y logras conseguir un pulpo de la especie Octopus maya o Octopus vulgaris (ambas presentes en costas del Golfo y Pacífico mexicanos), puedes intentar observar fases de sueño REM-like en casa, aunque nunca debes capturar ejemplares salvajes sin permiso ni dañar su hábitat.

Si no tienes acuario, algunos acuarios públicos de Quintana Roo y Ciudad de México ofrecen ventanas nocturnas para observar a los pulpos durante el sueño. Lleva una libreta y registra patrones de color y movimiento — nadie sabe si serás la persona que descubra un nuevo comportamiento.

Evita comprar pulpos para mascotas: la mayoría muere en menos de un año en cautiverio. Prefiere la observación respetuosa o busca talleres de divulgación en centros de investigación marinos.

¿Por qué sueñan los pulpos? Teorías y enigmas

En la costa de Baja California, donde el agua es fría y la niebla cubre los arrecifes en invierno, otros pulpos (Enteroctopus dofleini) también muestran fases de sueño activo, aunque menos vistosas. Las teorías para explicar el sueño REM-like en pulpos van desde la consolidación de memorias —como se ha demostrado en mamíferos— hasta la simple reorganización interna de circuitos cerebrales.

Algunos investigadores proponen que el sueño activo ayuda al pulpo a ensayar estrategias de caza o escape, simulando amenazas o presas en un teatro privado bajo el agua. Otros creen que es una forma de “reiniciar” el sistema nervioso tras jornadas intensas de aprendizaje.

Sin embargo, queda la duda sobre si los pulpos experimentan imágenes, sonidos o sensaciones durante el REM-like, o si lo suyo es un vaivén puro de impulsos sin contenido subjetivo. Hasta ahora, ningún experimento ha logrado acceder a la “experiencia interna” de un pulpo.

Aunque la ciencia avanza, la pregunta sobre el “por qué” del sueño en pulpos sigue abierta como las grietas en las rocas del litoral.

Una noche en la cueva: ecos de un sueño alienígena

En un rincón de Puerto Ángel, Oaxaca, cuando la marea sube y cubre las cuevas, es posible imaginar a un pulpo dormido, cambiando de color en lo profundo. Nadie puede decir qué sueña: quizá relámpagos de recuerdos de caza, o simplemente oleadas de luz y sombra. El mar huele a hierro y a sal, y el oleaje borra cualquier huella en la arena.

Para Benito, el pescador, ver a un pulpo soñar es como asomarse a otro universo. “Quién sabe qué ven ahí adentro,” dice, mirando el agua negra. Alrededor, sólo el rumor del mar y las estrellas reflejadas en la poza.

Este misterio —el de un animal blando, sin huesos, con un cerebro esparcido y sueños privados— desafía la manera en que entendemos la mente fuera del cráneo humano. Bajo el agua, mientras todos duermen, alguien sueña distinto.

Glosario

Cromatóforo
Célula de la piel en pulpos y otros animales que contiene pigmentos y puede expandirse o contraerse para cambiar de color.
Sueño REM
Fase del sueño caracterizada por movimientos oculares rápidos y actividad cerebral intensa, común en aves y mamíferos, pero también observada en pulpos.
Electrodo
Dispositivo que detecta señales eléctricas, usado para registrar la actividad cerebral en experimentos científicos.
Hidrófono
Micrófono especializado para captar sonidos bajo el agua, utilizado en estudios marinos.
Pozas intermareales
Charcos que quedan entre las rocas al bajar la marea, hábitat frecuente de pulpos en costas mexicanas.
Sistema nervioso distribuido
Organización del sistema nervioso en la que las neuronas no se concentran en un solo cerebro central, sino que se reparten en varias partes del cuerpo, como en los brazos del pulpo.
REM-like
Estado de sueño en pulpos que se asemeja al sueño REM de vertebrados, con cambios rápidos en color y actividad cerebral irregular.