Bajo la lupa en Valle de Bravo: la criatura que parece de otro tiempo
Con los dedos tersos por el agua fría, Benita —colectora de charales y aficionada a las rarezas del lago en Valle de Bravo, Estado de México, a 1,860 metros de altitud— destapa un frasco tan pequeño que apenas cabe en la palma. Dentro, una ramita parece flotar. Benita acerca el vaso a la ventana; la luz del amanecer enciende reflejos verdes y anaranjados. Entonces la ve: de la ramita cuelga un micrófilo, casi invisible, que extiende y retrae tentáculos delicados como cabellos. Es una hidra. No tiene corazón ni cerebro, pero lleva dividiendo sus células desde antes de que Benita naciera. El agua huele a plantas podridas mezcladas con limo fresco y un toque de hierro que marca la vida antigua de la laguna. Benita nunca pensó que acabaría mirando a los ojos —si es que la hidra pudiera devolverle la mirada— a un ser casi inmortal.
Aquí nadie habla de biología molecular o de longevidad, pero desde hace siete años, en el Laboratorio de Ecología Molecular de la UNAM en Morelia, la doctora Paulina Medina ha preparado microcultivos con hidras sacadas de cuerpos de agua tan humildes como el vaso de Benita. En 2015, un equipo liderado por Daniel Martínez en California fue el primero en señalar que, a diferencia de los ratones o los humanos, la hidra común (Hydra vulgaris) no envejece en absoluto en condiciones normales de laboratorio. Su proceso de vida parece suspendido, como una promesa que no se cumple ni se rompe.
Un rumor de abejas cerca del muelle acompaña el flujo sutil del agua. La escena doméstica apenas deja intuir la paradoja: en un charco verdoso, una criatura de un centímetro de largo ha resuelto, sin saberlo, lo que a los humanos nos obsesiona desde la primera arruga.
Pero ¿qué hay en el interior translúcido de esta criatura que la blinda contra el tiempo —y en qué momento ese escudo puede fallar?
Los secretos genéticos de la hidra: UNAM, 2005 y el ciclo perpetuo de las células madre
En el edificio B de la Facultad de Ciencias de la UNAM, los refrigeradores zumban a 4°C. En 2005, el equipo de la bióloga Ruth Martínez Gómez —citada en Acta Zoológica Mexicana— publicó sus hallazgos sobre la hidra mexicana: cada individuo se regenera por completo cada 20 días. Si blandas un bisturí sobre una Hydra vulgaris, cada fragmento crece de nuevo una hidra entera. El secreto está en sus células madre intersticiales, que permanecen “jóvenes” porque evitan el desgaste molecular que en otros animales equivale a envejecer.
Las hidras duplican su número al dividirse asexualmente por gemación. En el laboratorio, un pequeño toque con la punta de un pincel de cerdas finas, como los usados para acuarela, basta para separar un brote del cuerpo madre. El tacto es resbaloso, gelatinoso, y si se deja el espécimen quieto, en minutos vuelve a extender sus tentáculos para cazar dafnias y rotíferos, que también provienen de cultivos controlados de la UNAM.
En el ciclo microscópico se oculta el truco: la expresión constante del gen FoxO, que regula la longevidad en organismos tan disímiles como gusanos y humanos. Pero en la hidra, FoxO nunca baja la guardia. “Las células madre de hidra no pierden su vitalidad con el tiempo”, sintetizó Martínez Gómez en su artículo.
Sin embargo, en ciertos años —por ejemplo, durante brotes de fitoplancton en 2017— poblaciones enteras disminuyeron sin rastro de envejecimiento clásico. Una señal sutil de que la inmortalidad, incluso aquí, peligra en la práctica. ¿Pero qué ocurre cuando la inmortalidad depende no solo de genes sino de la forma radical en que se organiza la vida?
Medusas que rejuvenecen: Turritopsis dohrnii y la infancia que nunca termina
En las costas de Veracruz, cada diciembre, pescadores del puerto suelen toparse con medusas enredadas en sus redes. Pero hace poco menos de un siglo, nadie imaginaba que una de esas especies, la Turritopsis dohrnii, podía cambiar su destino unas seis veces en un año. Este animal de tres milímetros de diámetro —tan translúcido como la pulpa de un lichi— flota en el Atlántico, donde investigadores de la Universidad de Oviedo y del CINVESTAV, en 2020, identificaron su proceso de transdiferenciación: la capacidad de transformar una célula adulta en otra cualquiera, como si un árbol viejo se volviera semilla otra vez.
En laboratorios de Barcelona y Ensenada, científicos como María Pascual Tortosa observan que cuando la Turritopsis es herida, expuesta a temperaturas de 10°C o privada de alimento, la medusa regresa a un estado larval, conocido como pólipo, en un proceso que tarda menos de 72 horas. El líquido donde nada despide un olor tenue entre sal y yodo, aún lejos del hedor que puede soltar una red olvidada en el muelle.
Las células de la medusa literalmente pierden la memoria de lo que eran. Esta es, hasta ahora, la única especie conocida que revierte su ciclo vital completo varias veces sin mostrar procesos de envejecimiento acumulativo. El biólogo Shin Kubota, de la Universidad de Kyoto, calculó en 2016 que puede repetir este ciclo más de 12 veces en un individuo antes de morir por accidente o depredación.
No hay otro animal documentado que logre esta hazaña, pero ¿es esto realmente inmortalidad, o solo el éxito de una buena jugada biológica?
Cómo criar hidras en casa: guía práctica desde el laboratorio y la tina
En el laboratorio de biología marina de la UABC, en 2019, se realizaron experimentos para reproducir hidras usando métodos accesibles para escuelas con presupuesto limitado. La experiencia se puede replicar en casa con menos de 250 pesos. Se requiere: un recipiente de vidrio (de al menos 1 litro), agua declorada, una pipeta plástica, alimento vivo como Daphnia magna (la encuentras en acuarios de Xochimilco o con colectivos de acuarismo), y una lupa o microscopio sencillo de 40x.
- Limpia bien el recipiente con agua caliente, nunca con jabón.
- Llena el vaso con agua declorada y déjalo reposar a temperatura ambiente (alrededor de 22°C es óptima para Hydra vulgaris).
- Introduce la hidra, adquirida de un laboratorio de la UNAM o colectada con red fina en cuerpos de agua como el Lago de Chapultepec.
- Alimenta una vez por semana con una gota de cultivo vivo. Observa la gemación: a los 7-10 días, deben aparecer brotes laterales.
Un error común es sobredosificar la comida, lo que contamina el agua e intoxica a la hidra en días. La textura del agua debe sentirse limpia, sin mucosidad. Cambia el 20% del agua cada semana, procurando evitar bruscos cambios de temperatura y luz. Los mejores meses para colectar hidras en la CDMX son de enero a marzo, cuando las aguas están más frescas y oxigenadas.
Si logras un cultivo saludable, verás que las hidras —al contrario de cualquier pez, rana o planta— nunca muestran signos externos de envejecimiento, ni decoloración ni lentitud. ¿Pero significa esto realmente detener el tiempo, o apenas repetirse indefinidamente?
El límite borroso de la inmortalidad: ¿por qué mueren las hidras en la naturaleza?
En el canal de Chalco, al sur de la Ciudad de México (19.2782° N, 98.8916° W), las redes recogen materia orgánica —restos de lirio, cangrejos rotos, fragmentos flotantes— y entre ellos a veces aparecen hidras de apenas 1.5 cm. Pese a su fama de eternidad, la mayoría vive meses, no siglos. La explicación no está tanto en el desgaste celular sino en los peligros externos: depredadores como peces, contaminación química (nitrógeno amoniacal medido a 6 mg/L en 2022 por el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua), desecación estacional.
Un golpe —como el de una ola o una hoja que se deja caer— puede partir a la hidra, pero incluso entonces, si las condiciones no son fatales, cada pedazo tiene posibilidades de regenerar un nuevo individuo.
Las hidras sí pueden enfermar. En 2021, un brote de infecciones por bacterias del género Aeromonas fue responsable de la desaparición de cultivos enteros en el laboratorio de la UAM Iztapalapa, dejando tras de sí apenas un olor acre y dulzón, distinto al habitual aroma a charco saludable.
Esta frontera —entre “no envejecer” y “morir por accidente”— da pie a una nueva pregunta: ¿qué pasa si logramos entender y trasladar estos trucos a organismos más complejos?
La inmortalidad en laboratorio: FoxO y las promesas de la biología regenerativa
Desde 2010, equipos de la Universidad de Wisconsin y el Instituto Weizmann han inyectado genes similares a FoxO en ratones y cultivos celulares humanos, intentando repetir el efecto de juventud perpetua de la Hydra vulgaris. En 2019, la revista Nature Aging publicó que la manipulación de FoxO prolongó la vida de tejidos de rata hasta un 25% en experimentos controlados a 37°C, aunque sin eliminar el deterioro final.
El olor penetrante del medio de cultivo —mezcla de suero bovino y glucosa— acompaña el zumbido de las incubadoras. Las células, vistas al microscopio, lucen normales, pero su ciclo de división se duplica antes de mostrar señales de desgaste.
El salto entre una hidra y un mamífero sigue siendo enorme. “Nadie ha logrado que una célula humana vuelva a un estado plenamente embrionario más de unas pocas veces seguidas sin perder funciones”, anotó el genetista Juan Carlos Izpisúa en El País, 2018.
Aún así, la huella molecular de FoxO ya se explora para estimular regeneración después de lesiones medulares o envejecimiento celular en medicina de precisión. ¿Pero hay un costo oculto en manipular la maquinaria básica que sostiene la vida?
¿Sueñan los humanos con inmortalidad? Ética, límites y la trampa de la perfección
En Oaxaca, durante la Guelaguetza de 2022, una niña vestida de encaje blanco preguntó al guía del Museo de Ciencias de la UNAM si era posible “ser como las medusas que nunca mueren”. El adulto titubeó. Porque la inmortalidad, incluso cuando aparece en la naturaleza, suele ser una ilusión: estas criaturas sí pueden morir, solo que, mientras viven, no envejecen. Y a veces, como en la paradoja de la Turritopsis, el regreso constante a la infancia desenfoca la propia identidad.
En 2023, el Consejo Nacional de Bioética advirtió que los intentos de extender la vida humana plantean riesgos: tumores, mutaciones, desigualdad. El sentido del olor a cloro y anestesia de hospital sustituye pronto cualquier fantasía de eternidad radiante.
“¿De qué serviría vivir mil años si lo que somos depende en parte de perder, de soltar, de recordar apenas?” reflexionó el cronista Javier Raya en una charla de Café Laberinto. La pregunta cuelga en el aire como el aroma de café fuerte y pan tostado, mientras algunos sueñan con laboratorios y otros con el lago de la infancia.
Queda abierta la incógnita: ¿es la verdadera inmortalidad repetir el ciclo, o aprender a deslizarse con gracia por él?
Glosario
- Hidra
- Animal de agua dulce del filo Cnidaria, conocido por su capacidad de regeneración y por carecer de envejecimiento detectado en condiciones ideales.
- Turritopsis dohrnii
- Especie de medusa marina famosa por su habilidad de revertir completamente su ciclo vital y regresar a estado larval en condiciones adversas.
- Célula madre intersticial
- Tipo de célula en hidras capaz de dividirse indefinidamente y dar origen a cualquier otro tipo celular del organismo.
- FoxO
- Gen asociado al control de la longevidad y la regeneración celular en varios organismos, incluidas hidras y mamíferos.
- Gemación
- Forma de reproducción asexual donde un individuo genera brotes que luego se separan para formar nuevos organismos autónomos.
- Transdiferenciación
- Proceso biológico por el cual una célula madura se transforma en otro tipo completamente distinto de célula, base de la reversión de las medusas inmortales.
- Daphnia magna
- Pequeño crustáceo usado como alimento en cultivos de hidra y otros organismos acuáticos de laboratorio.